Drag me to Hell

Puede que te encante o la detestes, pero sin duda la nueva película de horror por Sam Raimi no te causará simplemente indiferencia.

Con una historia sencilla acerca de una pobre chica que cae víctima de una maldición gitana y se encuentra destinada a sufrir en el infierno dentro de tres días, y con un toque a la Stephen King (Thinner), Sam Raimi vuelve a lo que sabe hacer mejor, cine de horror exagerado con algunos toques de humor que cada quien podrá considerar como involuntario o con la intención de causar esa sensación indescriptible que pone al espectador al borde del asiento.

El estilo es bastante parecido a las primeras dos películas de culto de “Evil Dead”, con situaciones e imágenes repulsivas que causan un asco histérico difícil de olvidar, pero tan atractivo y divertido que no podrás evitar reír durante algunos instantes. Claro, que la historia siempre se encuentra por encima de cualquier evento, y el juego entre la idea y el manejo de personajes es lo verdaderamente atrayente en todo momento, pues realmente se nota el sentir de cada interpretación durante esas ocasiones de intensidad.

Y aunque en la mayoría de los casos, al encontrarnos con una película de horror con una clasificación menor a “solo mayores de 18 años” nos preparamos para algo aburrido, predecible y con poca emoción (eso si es que no huimos de inmediato fingiendo demencia) Es increíble que de verdad seremos arrastrados al infierno porque de inicio a fin, está cinta contiene elementos que nos hacen recordar que no se necesitan galones de sangre o desmembramientos, para crear situaciones exasperantes, cargadas de locura.

El reparto por su parte encaja a la perfección en cada uno de sus papeles, sin convertirse en los clásicos estereotipos mientras que las actuaciones son amenas y creíbles, en especial la de Alison Lohman (Christine Brown) y Lorna Raver (Sylvia Ganush) que realmente representan ese vínculo tan especial entre una pareja unida por un odio irracional sin cabida para el perdón. Consiguiendo que de verdad deseemos jamás encontrarnos en la misma situación, aunque seguramente también nos hará recordar una semejante.

Algo que se mantiene y es el punto más fuerte, es el mensaje de la cinta. Donde se deja claro que el punto es ser bueno, justo y amable, una persona modelo, pues al primer momento de perder el camino, aparecerá una pesadilla que nos destruirá. Pero eso no significa devaluar nuestro valor como seres humanos ante lo que otros piensen o actúen. Ya que al momento de tomar las riendas de su destino, la protagonista por fin tiene la oportunidad de conseguir un cambio para salvar su vida, aunque la primera impresión es que se ha convertido en aquello que tanto la atormenta. Y dando pie a un desenlace que puede ser predecible para algunos, pero que sin duda es correcto y deja satisfecho como una deliciosa comida.

Y aún a la espera de que Sam Raimi nos sorprenda con la cuarta entrega de Evil Dead, Drag me to Hell es sin esfuerzo una de las mejores y más disfrutables películas de horror que se han estrenado recientemente, pero que además vale la pena para ser vista por más de una ocasión.