Rob Zombie: Halloween
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Michael Myers está de vuelta en lo que puede ser la película más brutal e impactante de la temporada.

Casi todo el mundo sabe que John Carpenter creó un clásico del cine de horror con Halloween en 1978, pero muchas personas tampoco lo saben, porque no eran adolescentes o adultos jóvenes en esa época (le duela a quien le duela) y recuerdo que (muchos años después) la primera oportunidad que tuve para disfrutar de esa experiencia terrorífica fue alrededor de los once años y la verdad ya no recuerdo gran parte de esa cinta. Solo me queda la imagen y sensación de miedo con angustia que me causo ver a un personaje imparable y violento, con la capacidad de cruzar la calle sin pensarlo para cazar a sus víctimas, acechar a plena luz del día y causar un trauma de por vida a quienes lograran sobrevivir. Eso lo convirtió en mi favorito.

Ahora con las dos entregas de Rob Zombie, parece que la mayoría del público lo quiere linchar por las modificaciones que ha realizado, pero obviamente estas películas están enfocadas a un espectador actual que seguramente nunca vio o no recuerda la cinta original y que no es el de hace 20 años; al igual que aquellos que disfrutan de una nueva visión sobre el mismo tema (y que en cierta forma los lectores de cómic deberían entender)

Así que evitando lo que pueda ser un spoiler para quienes no han visto estas cintas, se puede mencionar que el trabajo sobre los personajes es muy bueno comenzando por el de Michael Myers en su niñez, que muy a mi parecer demuestra que el entorno en el que se encontraba no tenía demasiado que ver con la maldad del personaje, sino que parece solo un catalizador para desatar al asesino que siempre estuvo ahí.

El personaje del Dr. Loomis deja de ser un viejo loco y en esta reinvención se presenta como una persona real con varios matices, que en un principio y buscando lograr un bien, se siente casi traicionado y busca entonces una retribución material tras su tiempo perdido. Primero explotando al propio Michael Myers y después a sus víctimas colocando su experiencia por encima del dolor ajeno para justificar su falta de respeto.

Y la sorpresa más perturbadora es Laurie Strode, la hermana pequeña que primero se ve como un alma inocente que sobrevive al trastorno de su hermano mayor, que al crecer es una chica completamente normal que afectada por el trauma y horror termina en estado de shock, y que por ultimo demuestra en algunas escenas que comparte mucho del estado mental de su hermano, aunque se haya desarrollado en un ambiente familiar completamente distinto.

Otros personajes como el Sheriff y su hija Annie, aunque tienen relativamente pocas apariciones, también muestran cambios en su personalidad después de los acontecimientos de la primera película y la perspectiva que mantienen durante la segunda es sin duda una de agotamiento físico y mental, que solo añade más tensión a la situación.

Lo que lleva al regreso de Michael Myers en esta segunda entrega, donde vuelve a buscar a su pequeña hermana, pero en esta ocasión no solo para estar con ella, sino reunirla en familia. Y a pesar de que el personaje es relativamente el mismo, ahora vemos que psicológicamente se encuentra en un estado degenerado rodeado por alucinaciones que en determinado momento hacen dudar al espectador sobre si se tratan de algo en la mente del asesino, algo colectivo, o algo real.

Parece que lo mejor de todo es que Rob Zombie realmente supo tomar algunos elementos respecto al manejo de personajes como en The Devil´s Rejects y trasladarlos a esta historia de trastornos mentales y homicidios con una carga de brutalidad que no hace saltar del asiento durante un segundo debido a un sonido o imagen, sino impactar al espectador con una violencia salvaje que no conoce limite.

En definitiva, la visión actual de Halloween tiene una carga de tensión en todos los sentidos y presenta una amenaza inhumana que causa los mismos sentimientos de horror y desesperación que la versión original, si no es que incluso peor.

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