Terminator (parte 1)

Una reflexión acerca de la trilogía original que pronosticaba un futuro que debe ser impedido, uno donde las maquinas destruyen la humanidad.

El caos de la ciudad es percibido dentro de su cotidianeidad. Los niños juegan dentro de su fantasía en un parque, ajenos al caos citadino, hasta que son sorprendidos por una luz cegadora y violenta que transgrede sus pequeños cuerpos. La bomba nuclear nos ha alcanzado.

Un campo repleto de esqueletos humanos calcinados es un fiel recuerdo del acontecimiento. Avenidas aun humeantes donde el tiempo se detuvo para observar la catástrofe de la guerra nuclear. Pilas y pilas de cráneos humanos amontonados. Un pie metálico y desgarrador los pisa. Un Terminator dispara hacia la cámara. La guerra de las maquinas nos es revelada. Sarah Connor comienza a narrarnos su historia. John Connor, líder de la resistencia contra las maquinas ha sido constantemente acosado por maquinas asesinas durante el transcurso de su vida, ya que su existencia determina el levantamiento definitivo de las maquinas. El mesías debe ser eliminado. Y debe ser eliminado en una época más vulnerable. Más ignorante. El pasado.

La magistral introducción de “Terminator 2” describe perfectamente la esencia clave de la saga de Terminator. El juego temporal regido por la búsqueda de las maquinas hacia la destrucción del único motivo humano que no pueden destruir; la fe. Todo lo que John Connor representa en el futuro, debe ser destruido para la conservación de las maquinas. A lo largo de la saga comprenderemos las tragedias de varios personajes que buscan detener una guerra que es la causante cíclica de su motor temporal. Empezaremos analizando al personaje de Kyle Resse, soldado enviado del futuro para evitar el asesinato de Sarah Connor, la futura madre del mesías post-apocaliptico.

La tragedia de Resse radica en que él mismo es el creador de su propio mito. El viaja al pasado a proteger a la madre del mesías pero gracias a eso, el se vuelve el padre del mismo. El humano es el causante y creador de sus propios arquetipos. La paradoja del tiempo implica un círculo vicioso. Gracias a que Resse es el padre de John, el es enviado desde el futuro por su hijo para que lo germine en el pasado. Futuro y pasado no tienen una división coherente. La ignorancia humana permite que podamos jugar con la cronología del tiempo. Con Dios. Tal vez por eso las maquinas intentaron extinguir a la raza humana. ¿Acaso el cataclismo nuclear provocado por Skynet es una muestra de lo que pasaría si una consciencia objetiva y activa tomara control sobre la situación? Las máquinas conscientes poseen una moral alejada de lo humano. Son organismos sintéticos que están programados para tener un concepto moral objetivo y neutral. La vida no importa en nada porque ellos no la conocen. ¿Qué es el alma para un organismo cuya moral se maneja por medio de ecuaciones y no por sentimientos? Tal vez las máquinas tomaron la decisión correcta y el humano, en su extensa búsqueda de preservarse como especie, se niega a admitirlo.

Pero entonces ¿De dónde proviene el alma? O más objetivamente ¿Qué es el alma? ¿Qué es lo que nos vuelve humanos? ¿Nuestra biología o nuestra consciencia? Cuando el T-800 se despide y limpia con sus manos una lagrima que recorre la cara de John, comprende el profundo sentimiento de la perdida sin poder expresarlo biológicamente. Pero la expresión biológica es una simple expulsión de químicos excitados por nuestro cerebro. El sentimiento en cambio, no necesita de una biología, si no del alma. Sarah reconoce en el Terminator, la figura paterna que John necesita para liderar la resistencia. En un mundo destinado al exterminio, el único arquetipo paterno es la misma figura de la destrucción futura. Lo que individualiza al T-800 de sus demás compañeros es su constante aprendizaje acerca de la concepción de la vida. Tal vez la mayor labor de John es el hecho de que él puede comprobar que las maquinas pueden volverse conscientes. Pueden aprender. Tal vez la verdadera guerra podría ser enfrentada de otra manera si las circunstancias lo permitieran. ¿Es que acaso se deben de seguir perdiendo vidas en guerras interminables? Al contrario de las guerras humanas, las maquinas son imparables y pueden ser producidas en masa. Nunca descansaran. Nunca se relegaran. Pero también, nunca dejaran de aprender.

La percepción humana implica que tenemos que vivir el tiempo de forma cronológica. El pasado es un mero recuerdo mientras que el futuro es ambiguo porque todavía no sucede. Lo único que nos queda es el presente. El ahora. ¿Pero qué sucedería si tu futuro estuviera escrito? Si debes cumplir una misión en un futuro que no debes permitir que suceda. Tu vida dependería entonces de la certeza del futuro pero de la incertidumbre del pasado. La tragedia de John Connor radica en su estancamiento vivencial. El no puede realizar la misión para la que debe estar preparado, porque el futuro todavía no llega. Toda su vida le han inculcado una idealización de un futuro que no comprende y que podría no suceder. John es un personaje cuya misión depende de esperar a que el cataclismo que debe evitar, suceda.

La situación temporal se torna más trágica cuando comprendemos que la paradoja temporal principal es el hecho de que este acto está condenado a repetirse por toda la eternidad. El futuro es el que crea su propio pasado manipulándolo. El hombre, dentro de toda su ignorancia, continúa siendo el causante de su propia destrucción. John Connor busca detener una guerra que es la que provoco en primera instancia, su propia concepción. Lo cual implica, que no importa que tanto se esfuerce o que tantos peligros trate de evitar, el futuro y el pasado ya están escritos y el no lo podrá detener, negando rotundamente la hermosa e ingenua frase que John propone; “No fate but what we make”. El está condenado a seguir un patrón temporal ya marcado y por lo tanto es un simple títere de una guerra que todavía no conoce. El futuro creo su pasado. Algo que me gustaría ver en la nueva película de Terminator, seria a un John Connor cuestionando su situación terrenal, al igual que lo hizo Cristo en el monte de Gethsemani. Un John Connor harto de ser un títere para una humanidad que lo desea tener como arquetipo. Un John Connor tridimensional. Esperemos que la nueva entrega no nos decepcione ya que por lo visto, promete muchísimo.

Por: Saulo.