Husk
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Una historia dividida en dos partes las cuales hablan sobre adicciones y peleas entre máquinas gigantes…

Publicado originalmente por Soleil y traído por Marvel, Husk al inicio realmente promete ser algo bueno, no muy original, pero bueno sin duda. Tiene personajes interesantes con problemas serios y una trama sobre conspiraciones que remite un poco a Ghost in the Shell de Mamoru Oshii.

Escrita por Frederic L´Homme y con un arte por Arnaund Boudoiron, la historia comienza por presentarnos a los Husk, trajes biomecánicos que al pasar de las generaciones (pues aquí nos hablan del M5, o sea, quinta generación) se han logrado fusionar gracias a sus creadores con la mente de quien les opere, llegando a ser más allá que simples trajes mecánicos o “prótesis” que aumentan en extremo el desempeño del cuerpo humano. Un poco y para ser más claro, algo a lo que vimos en la serie del estudio Gainax, Neon Genesis Evangelion, refiriéndome a la forma en como estos son pilotados.

Sin duda el primer número de Husk es sumamente interesante, aquí conoceremos a Sarah, un piloto de M5 en el escuadrón especial de la policía BMRI en Paris. Inicialmente la trama gira en torno a un misterioso hacker que ha logrado interferir las ondas cerebrales de los pilotos llevándoles a perder el control de sus máquinas. Sin embargo lo que realmente arrastra nuestra atención son los problemas que Sarah enfrenta como piloto, problemas que hablan de una co-dependencia, un vicio de hacerle sentir continuamente ese vínculo formado por el cerebro humano y las terminaciones nerviosas del Husk.

Y mientras ella trata de seguir su misión para encontrar al hacker, deberá de luchar con los impulsos que le dictan tener continuamente ese poder gigantesco, la fuerza brutal con la que se mueve cuando pilota. Y poco a poco como en una espiral, Sarah se perderá olvidando quizá lo que es ser un humano, planteándose sobre su identidad y descubriendo que la máquina en la que se adentra, pueda tener también una especie de sentir sobre su existencia.

Y de este primer número lleno de ideas y una historia de misterio, viene la segunda parte, una que cambia radicalmente la dirección de todo, y lleva al lector a un lugar de peleas con robots gigantes, sexo y animales que hablan, dejando de muy extraña manera algo que simplemente uno en ninguna forma sabría si es bueno o malo. En pocas palabras solo resta seguir leyendo y desear que el mismo espíritu en el origen de la historia regrese, nos cuenten más sobre la adicción de Sarah y como podría repercutir eso en la misión que por cierto, parece resolverse de forma mágica. Así que también podemos olvidarnos del misterio.

En lo personal, Husk tiene buenas ilustraciones y muy buen color, las diagramaciones son muy del estilo en Soleil, pero el cambio de ritmo con todo lo que sucede en la historia es demasiado evidente, y de un inicio misterioso e introspectivo pasamos a una trama mucho más simple donde los conflictos se arreglan a golpes y el villano al final se delata por si solo. Creo de sobremanera que aquí había potencial para algo memorable.

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