Murder Bullets
murder bullets

Un grupo de soldados es atacado de pronto por una bestia extraña y gigantesca… y luego todos están muertos.

De James Stokoe (Orc Stain, 24 Seven) viene un comic publicado en su blog que al igual que otros trabajos del mismo artista, cuenta con altas dosis de color y figuras bizarras. Ilustraciones que arrastran al lector de inicio a fin con una historia singular y situaciones bastante extrañas.

Todo parece estar en calma mientras una especie de “tanque/torre de vigilancia” recorre un escenario desolado y aburrido; un lugar donde uno podría decir que nunca pasa nada relevante. Claro, esto es hasta que una bestia de proporciones gigantescas inunda un poco en el terror al grupo de soldados que descubren de forma pronta que en efecto, están a punto de morir desagradablemente.

Los eventos suceden rápidamente, los diálogos fluyen en cortas frases y en poco tiempo somos testigos de que el único sobreviviente de tal desventura es un novato (quien solo deseaba explorar la galaxia) que casi ni tenía idea sobre donde se encontraba y mucho menos como cuidarse del entorno y atmósfera hostil del planeta. Alguien que deberá más tarde, librarse de las garras de Murder Bullets, un ser al que le gustan las entrevistas y cada detalle sobre la vida de quien sea.

El arte en general es llamativo con sus colores en tonos pastel y diseños intrigantes y fantásticos, algo que ayuda bastante al lector para proseguir con la historia que se desarrolla. Una historia de humor bizarro que comienza a tener sentido y relevancia hasta la aparición del personaje que lleva el título del comic en su nombre. Algo que podría no ser tan malo si esta aparición se llevara a cabo en las primeras páginas.

Murder Bullets definitivamente no es un mal comic, por un lado tiene su gracia y estoy seguro de que hay personas que siguen el trabajo del artista, sin embargo a comparación de Orc Stain, aquí todo se mueve más “accidentalmente” dejando los diálogos para comunicar cosas irrelevantes sobre personajes que en un par de páginas morirán para no ser recordados ni por la historia ni el lector. Claro, salvo por el novato que prisionero de su mala suerte (digámosle así) descubre la singular idea que amarra los hechos hasta su final.

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