Shutter Island
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Desde el mero comienzo serás atrapado por una película que construye sus partes para convertirse en un clásico instantáneo.

A través de los años Martin Scorsese ha sido un director que con cada entrega ha ofrecido la mejor calidad, al punto que varias de sus obras ocupan hoy una posición de referencia en la historia del cine. Así que no es extraño imaginar que al finalizar esta cinta conservaremos una imagen de la misma que durara por bastante tiempo.

La historia es un thriller psicológico que engancha desde la secuencia de apertura, presentando al personaje protagonista y su acompañante, creando un vínculo con el espectador que luego nos hace sentir bienvenidos en la institución mental, que a partir de ese momento se convierte en un enemigo pasivo hasta el final.

Sin revelar detalles importantes, aunque de entrada la trama parece algo normal no es sencilla y conforme avanza el tiempo descubrimos motivos que empalman las acciones de los personajes, consiguiendo que dudemos en todo momento de los diálogos, las acciones y la idea misma que tengamos acerca del misterio que envuelve cada rincón.

Los personajes y las actuaciones son realmente buenos, exprimen completamente su potencial en pantalla, al punto que en varios momentos consiguen convencer de su realidad y trasmitir un sentimiento de angustia, apatía y desconfianza.

Me parece que Leonardo DiCaprio ofrece una de sus mejores actuaciones desde The Aviator o Blood Diamond, mientras que Mark Ruffalo es el acompañante perfecto. Ben Kingsley por su parte se mantiene hasta el final aún cuando no sea de mis favoritos, al igual que el resto del reparto que esta curiosamente bien elegido.

La dirección y fotografía son igualmente curiosas porque rompen parte de la tradición del director y en cambio presenta secuencias, ángulos y juegos de cámara, que en conjunto con la banda sonora (y las actuaciones) eleva al máximo esos momentos, haciéndonos recordar obras maestras como The shining de Stanley Kubrick, mientras que en otros crea una atmosfera apreciable en las películas de Alfred Hitchcock.

Y aunque lo anterior puede tomarse como una referencia demasiado optimista o semejante (habrá quien lo tome casi como un plagio) la trayectoria de este director lo demuestra como un recurso adecuado para la película y que simplemente es identificable porque existen muy pocas obras que consiguen el mismo efecto y con tanta calidad, lo que se puede tomar como otro punto destacado en esta ocasión.

Pero el mayor triunfo debe ser la superación de la idea convencional que dicta, que para crear suspenso y horror se necesita de una ambientación oscura y amenazante. Pues en este caso ocurre lo contrario y muchos instantes de tensión (como las pesadillas que sufre el protagonista) ocurren a plena luz del día, manteniendo una inseguridad y expectativa en todo momento hacia lo que puede ocurrir.

Shutter Island está enfocada para aquellos que sentimos una fascinación por el thriller, que comenzamos con una perspectiva de adivinar el desenlace pero que finalmente nos perdemos en un laberinto de ideas bien construidas. Al mismo tiempo que es una sorpresa para los que por otra parte esperan una historia de horror cuando en realidad se trata de una historia introspectiva y claustrofóbica, una estancia angustiante con personajes engañosos que habitan una institución mental.

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