Rubber
rubber tire asasin

En el desierto de California súbitamente empiezan a verse muertos en las calles, en la carretera, en los moteles del camino.

Pronto la noticia es informada a la policía de la localidad, patrullas, hombres armados, rostros de confusión, sonidos extraños que terminan en un silencio momentáneo desgarrado solo por la explosión de una cabeza.

Dirigida y escrita por Quentin Dupieux, son ochenta y cinco minutos a la caza de un asesino en serie que de forma imparable no dejará a nadie con vida, se enfrentará a la ley y buscará un escape de una u otra forma.

Una cinta extremadamente original, surrealista, inquietante y que no debería pasar desapercibida, una que habla sobre un neumático con vida propia y además poderes psicoquineticos.

Ilógica, irracional, extraña a más no poder, un gran tributo al cine de “clase B” narrado de una forma inteligente que plasma como un simple objeto como una llanta de auto puede convertirse en estrella de película, una que mágicamente transmite personalidad desde los primeros segundos de aparición y que junto al desarrollo nos hace ver que si existen autos o trailers demoniacos, casas embrujadas, relojes malditos, cubos infernales ¿Por qué no un neumático asesino?

Simplemente una película que de inicio causa cierta burla, luego curiosidad y al final unas ansias de seguir conociendo las sangrientas escenas que se producirán (y más hablando del gran final). Una parodia, una sátira, una crítica al cine de Hollywood, véase como sea, una que plasma de forma elegante una “sin razón” en su totalidad, porque como se habla al inicio de esta, la vida misma está llena de momentos sin razón alguna.

La fotografía, el sonido, al igual que las actuaciones y la manera en como la cámara se mueve añaden una profundidad que entrega instantes tipo documental que se intercambian con un sentimiento de estar ante una cinta de bajo presupuesto (obviamente es de bajo presupuesto) pero en esta ocasión tomada con “dignidad” sin tratar de aparentar otra cosa ni plasmar una “revolución” en el mundo del cine, algo que se agradece totalmente y que marca una gran diferencia con otras producciones que se fuerzan en verse demasiado “serias y aterradoras”

Personalmente Rubber no hace más que tratar de imaginar una secuela (aunque esto también genera cierto “sacrilegio” por querer repetir una formula), para quienes brinden una oportunidad a esta película estoy noventa por ciento seguro no se sentirán defraudados, no solo descubrirán que lo extremadamente raro funciona, si no que cualquier idea manejada de forma correcta puede entregar algo único o al menos muy pocas veces visto.

O por otro lado pueden decir que es una repugnante asquerocidad.

rubber sin razon