Black Mirror: Fifteen million merits
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Segundo capítulo de esta miniserie inglesa ahora presentando una historia que todo gamer podría reconocer.

Es bien sabido que en esta generación de consolas se introdujo un novedoso sistema de “premios” virtuales por lograr metas específicas en cada juego, desde llegar a un número de carreras ganadas, subir de nivel en un juego de rol, ganar partidas online o subir de ranking en un shooter, los llamados trofeos o logros hicieron que cada título sumara y acumulara méritos por finalizarlos de forma completa, entregando medallas y en ocasiones items que después se pudieran usar de forma virtual. Pero ¿Qué pasaría si esto fuera introducido en la vida diaria?

De manera positiva seguramente alguien podría imaginar que a X persona le brindarían puntos por leer un libro, por dar pasos en un día, por comer sanamente, por estar en forma o incluso por ayudar a quien lo necesite, pero afrontámoslo, las cosas seguramente se torcerían en algún momento y lo que en inicio hubiera podido fomentar un “mejoramiento como persona” terminaría en la gran pregunta ¿Cómo puedo ganar dinero de esto?

Ganar puntos por mirar anuncios, ganar puntos por comprar lo que este de moda, por decir “me gusta” aunque eso sea falso y rápidamente en ganar puntos para vivir, ahora, mantener los puntos ganados no dejando de ver anuncios, mantener puntos por ver algún programa.

Este es el caso de Fifteen million merits, una historia dramática y pesimista por donde se vea, con una narrativa llena de opresión que habla de un mundo ahogado en pantallas de alta definición que por supuesto entregan las imágenes y colores más llamativos, todo en forma de anuncios y programas que constantemente bombardean a los personajes desde el momento en que abren los ojos por la mañana.

Personajes que son multados si quitan la vista de algún anuncio de una u otra forma, que viven literalmente, en cubos de unos cuantos metros cuadrados donde cada pared es recubierta por las brillantes pantallas y no solo eso, personajes que viven para pedalear en bicicletas que producen la electricidad necesaria para mantener las pantallas encendidas.

Un mundo totalmente artificial y sin vida a pesar de mostrar colores resplandecientes, que se mueve por el pedaleo constante y que enseña multitudes de avatars para representar a las personas quienes pasan de la cama a la bicicleta.

Simplemente sin palabras, un capítulo bastante fatalista y que muestra un mundo del que nadie gustaría formar parte.

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