Mario Kart 8 me recuperó a un amigo | Un adelanto a la reseña

Por motivos laborales tuve la oportunidad de hacer un viaje a la Ciudad de México, la gran urbe de asfalto que al parecer no tiene fin. Y mejor aún, fue que el viaje era con un amigo de quien por motivos que ni recuerdo, la relación se había deteriorado, y aquello llegó a ser tan estrecho, que ya se me había olvidado su nombre de tantos apodos que nos teníamos. Uno como hombre entiende este tipo de relaciones, donde a veces las novias o esposas piensan que amamos más a aquel, que a ellas mismas. Y secretamente quizá es cierto.

Como dicho viaje fue de toda una semana, y precisamente la siguiente a la salida Mario Kart 8 para Wii U, vi la oportunidad de llevarme mi consola y jugar hasta que el cuerpo aguantara, o la batería del gamepad se agotara. Igualmente guardé los controles para un segundo jugador y sin dudar le dije: “traigo el Wii U y Mario Kart 8, ¿retas?”. Ni tardo ni perezoso aceptó y en menos de lo que canta un gallo, ya teníamos conectado todo para jugar.

He aquí la experiencia de jugar Mario Kart 8.

Para empezar la emoción de Mario al gritar “eight!!!” en el título del nombre, es súper contagioso, yo creo por eso nunca dejará de ser eso, un “Super Mario”. Luego ni qué decir de la música que con cada título del plomero favorito del mundo, mejora y mejora, más y más. Obvio yo ya lo había estrenado pero es una de las 18,000 cosas que en ese momento a nadie le importan, y el modo multijugador a 150cc -que viene siendo el modo difícil- es lo primero que buscamos.

Por los pocos kilómetros aún recorridos, apenas había disponibles algunas pistas, personajes y vehículos de agencia, por lo que estaba nuevecito y listo para darle la estrenada de su vida. Cabe destacar que a pesar de las múltiples quejas de la consola, la definición de los participantes es bastante aplaudible, es más, diría que compiten con los gráficos presumidos en Super Mario 3D World -otra chulada de juego-. En esta parte concordamos ambos que se veían bastante bien.

Otra cosa que nos gustó mucho y empezó a romper más el hielo, fue aquello de seleccionar las diferentes llantas, planeadores y carrocerías para armar nuestro bólido. Las opciones parecen ser limitadas al principio, pero son más que suficientes ya que lo primordial es correr. ¿Por qué rompió el hielo? Por la simple razón de acabar con la paciencia del contrario al estar indeciso en el vehículo a usar. “¡Ya apúrale! ¿O vamos a jugar a ver quién hace el carro más bonito?” Una vez que tenía seleccionadas todas las partes de mi moto, junto con Mario encima, fue momento de seleccionar la pista, y de ahí, apretar el acelerador a fondo.

Estamos hablando de que Mario Kart 8 respeta sobremanera el concepto de todos los anteriores, y podría haber quienes digan que es lo mismo pero en HD. No lo es estimados lectores, en verdad no lo es. Es obvio que estamos hablando de un juego que está por ediciones, sin embargo creo que Nintendo en verdad trabajó para crear un vende consolas, pero ese es tema aparte.

Está por demás decir que jugamos bastante tiempo, varias carreras y con orgullo puedo presumir que entre los dos, desbloqueamos un personaje, dos copas para Grand Prix y no recuerdo cuántas partes para los vehículos, todo porque no somos “tan” malos para las carreras. Más allá de jugar por matar el tiempo, nos encantaron los gráficos que están mejor que nunca en un Mario Kart, desde el pasto, la tierra, las cámaras y sus ángulos, y los obstáculos en la pista.

Hay dos partes que tengo que mencionar: los caparazones y los plátanos. Sí, dos artículos que por más que gire el mundo, no pueden ni deben faltar en cualquier edición de este juego de carreras. Sin embargo, su aparición en las pistas separan a los niños de los hombres, pues al encontrarnos con una cáscara de banana, depende solo de nuestra pericia para continuar en buen lugar, aunque sea prácticamente imposible hacerlo. Ya con el paso de los minutos recuperaremos terreno. Qué artículos más odiosos, pero sin ellos -no podemos negarlo- Mario Kart no sería lo que es.

¿La mejor parte del juego? Fácil. Juntar puntos en cada circuito, sumarlos y al final de la competencia, burlarte de tu ahora “recuperado” amigo, echándole en cara que a pesar de ser octavo en la competición, él está en noveno. Es el hecho de decir “yo soy malo pero tú eres peor que yo”, y siempre acompañado de una reta para recuperar honor. Y lo acepto, la pelotita del orgullo estuvo bailando entre ambos, pues a veces gané yo, luego él, y así. Aunque debo reconocer que no hay nada como ganar un Grand Prix, y dejar fuera del podio a tu rival.

¿Los personajes? No todos los probamos, aunque las pistas sí, incluidas las desbloqueadas, casi todos los aditamentos de los coches, aunque me gustaron más las motos. Hago hincapié severo en los circuitos, que aunque me quedo con varios favoritos, todos tienen un detalle especial que los hace únicos, y no hablo sólo de la música, sino de los peligros que acechan en las curvas, en los tramos antigravedad, o los que tienen agua, los personajes con los que chocas, etcétera. Mario Kart, más que de los personajes y coches, es de los escenarios que superan por mucho a los de versiones anteriores.

Estoy preparando mi reseña completa del juego, con detalles y toda la parte técnica que una buena revisión requiere, y que ustedes merecen. Sin embargo, mis primeras impresiones son éstas, y que se multiplican por haberlas experimentado con un amigo que al parecer había perdido un poco, pero que recuperé no por un juego, sino por el lazo que cualquier título puede crear. Ese que empieza con rivalidad, pero termina con una sana promesa de volver a retarse a duelo en las pistas, o en el cuadrilátero, campo de batalla o hasta un tablero de ajedrez.

Mario Kart 8 me ha divertido como chamaco de primaria, me hizo recuperar un amigo, y eso paga todo el precio de cualquier juego.

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