Mi razón para no jugar en exceso la beta de Destiny.
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Voy a contarles brevemente mi pequeño trauma de gran parte de mi infancia y adolescencia.

Por razones económicas, mis padres no pudieron comprarme una consola sino hasta que cumplí 18 años y ahí me apoyaron bastante para obtenerla. Antes de esa etapa tan hermosa, sólo podía jugar en maquinitas cuando iba por las tortillas, con mis amigos, con mis hermanos que tenían la propia, y de repente conseguía que me prestaran alguna. Pero siempre jugaba uno o dos días y apenas por algunas horas, ya que no me sentía tan cómodo pues sabía que tarde o temprano me despojarían de tan bello dispositivo electrónico, y las despedidas nunca son bonitas.

Así que pueden entender que para mí era indispensable no encariñarse con los juegos, cualesquiera que hayan sido, pues tarde o temprano ya no los tendría y ahí sería muy difícil separarme de ellos.

Destiny

Por fin llegó un momento esperadísimo para muchos adeptos a los FPS, pues una nueva franquicia de disparos se hizo presente con una beta que varios teníamos la necesidad de probar. Bungie por un lado con su exitosísimo Halo, y Activision con el no menos famoso Call of Duty, unieron fuerzas e hicieron Destiny –o lo siguen haciendo-. Ya se ha hablado demasiado de este juego, y ahora era tiempo de probarlo aunque supiéramos que iba a fallar por el título de beta que tenía.

Gracias a un buen amigo, recibí un código el cual activé de inmediato desde mi teléfono –bendita tecnología-, y una vez que se descargaron los milochomil gigas en mi PlayStation 4, no lo pensé dos veces.

Para empezar, el menú se controla con el joystick izquierdo, como si fuera un mouse en una computadora, seleccionando lo que gustemos, yo en mi caso me fui directo a la pelea no sin antes seleccionar y diseñar mi guerrero; de entre las tres clases, fue el Warlock el que más llamó mi atención. Llámese máscara, traje, poderes, estética, me encantó.

De inmediato un video ciertamente largo -o quizá no tanto sino más bien era mi impaciencia por jalar el gatillo-se presentó en pantalla explicando un poco acerca de la historia actual del mundo, con su Viajero como una especie de luna posada sobre la tierra. Acto seguido, presentarse en la Torre, o lo que sería llanamente el lobby del juego, donde nos encontramos con cuantos guerreros a nivel mundial estén conectados en ese momento, que por lo visto no son tantos, sino más bien los que me tocaron en esa partida.

En Destiny cada quien hace su historia, no es necesario ir a meterse a equipos y armar una revuelta en la vieja Rusia, sin embargo sí es posible hacer esto. Mi manera de ser siempre ha sido solitaria, yo navego sólo y en ocasiones me uno a la causa, pero de lejos, pasando desapercibido. ¿Qué fue lo que me impresionó desde el principio? El increíble detalle gráfico que no pudo haber sido mejor. No pude creer lo hermoso, en verdad usaré esa palabra, hermoso que se ve el juego, con animaciones muy fluidas, iluminaciones casi perfectas, ambientes que se sienten y sonidos que no querremos dejar de oír. Pero el lobby o la Torre, es nada comparado a lo que nos espera.

En dicho lugar podremos comprar objetos para curarnos, pintar nuestras armas, o comprar más, cambiar el atuendo, recibir misiones, guardar equipamiento que ya no podamos cargar y convivir con los demás soldados a nivel mundial. Y con convivir, me refiero a conocerlos y pedirles que se unan a mi equipo, o pedirles que me junten.

Para ir a pelear, que es lo que nos atañe, debemos ponernos en órbita con nuestra nave, y luego seleccionar en el mapa, alguna de las misiones que ya estén disponibles de acuerdo a nuestro nivel. Ya que estamos en tierra, con nuestra arma puesta y dispuestos a matar, es momento de explorar. Me encantó que no entramos directamente a los balazos, haciendo de la entrada una manera muy amigable de introducirnos al juego, y así dejando a nuestra decisión dónde y contra quién queremos pelear. Sí es importante seguir la secuencia de la historia, pero afortunadamente no hay un límite de tiempo, así que tendremos que explorar a nuestro gusto, o dejándonos llevar por el mini mapa que nos señala dónde está el peligro.

Quería entrar a los disparos de inmediato, pero una vez viendo el paisaje, es imposible no caminar, correr, saltar, echar algunos disparos al aire. El ambiente se siente vivo, cambiante y radiante. No pude evitar emocionarme al ver los gráficos, oír los sonidos y ver mis movimientos sin pensar: wow, ¿con que así se siente verdaderamente la nueva generación? Y sí, se siente muy bien. Incluso los pequeños errores en el entorno los perdoné nomás por saber que era una beta, y porque todo lo que vi, me gustó. El diseño de arte es bellísimo, y sabiendo que todos los edificios están abandonados, y con el peligro latente de los extraterrestres, aun así me encantó y me sentía invitado a pasar. En serio, me importó un comino encontrarme hordas interminables de aliens, al fin que tenía un arma sin usar y sin entenderla, pero sabía que podía ser letal.

Ingresé al primer recinto que me encontré, tanto mi radar como mi oído me avisaban que había peligro y así me aventé a dar balazos. Las armas fueron lo que terminaron de convencerme, ya que sus sonidos, su manera de recargar, la mira, el enfoque, el retroceso que generaban, todo era tan disfrutable, que podría haber disparado a una pared, e igual lo habría disfrutado. Una belleza fue darme cuenta que innegablemente, había una inspiración en las armas de Halo, pues yo también fui fan de la saga hasta la tercera entrega, cuando de plano lo sentí ya acartonado. Sin embargo no me sentía como Master Chief, sino como un Warlock, uno de verdad temible y forajido que buscaba acabar con la escoria del universo. Mis manos eran también armas que aventaban disparos de luz morada que desintegraban a los más malos.

Deseé decenas de veces encontrarme un jefe, y al hacerlo, disfruté tanto irlo acabando poco a poco. ¡Increíble! No quería matarlo por el simple gozo de acorralarlo y hacerlo huir gracias a que sus súbditos ya estaban en el suelo.

Pero ese no fue jefe suficiente, necesitaba al que terminara mi misión. Y lo encontré, lo hallé con un escudo que debía primero destruir, para poder disminuirle vitalidad. Varias oleadas de un significante número de compinches me atacaron con todo lo que tenían, y ni todo lo que tenían era suficiente para mí. Quería más, y así fui esperando a que el combate se tornara de verdad difícil, a pesar de que la última batalla en una misión no permita reaparecer de inmediato y borre el avance en dicha contienda. Sabía que saldría avante. Y lo hice, ¡y de qué manera! Matando a todos y dejando intacto al jefe hasta que llegara con él para no arruinar su destrucción. Me supo a gloria su muerte.

Cinco días seguidos hice lo mismo sin cansarme, durante varias horas. Agreguen misiones, pláticas más profundas con otros miembros de la sociedad en la Torre, viajes en motocicletas que se invocan y flotan, las cuales hay que decir se sienten muy bien, haciendo memoria a los Biker Scouts que aparecen en el Episodio VI de Star Wars, El Regreso del Jedi, durante la escena donde Luke y Leia combaten con ellos en el bosque de Endor. Así me sentí, aunque me faltó alguien que me hiciera pelea. Sin embargo a cada rato que me encontraba grupos de alienígenas, me bajaba y empezaba a atacarles, sólo por el simple hecho de seguir escuchando la detonación de mi fusil.

No tuvieron que pasar cinco días para enamorarme de Destiny, fueron cinco horas. Cinco horas que necesité para decir que deseo sobremanera ya llegue el 9 de septiembre.

Desgraciadamente no pude controlarme y me encariñé con un juego que sabía me quitarían al poco tiempo, no supe mantener esa disciplina que de niño me obligaba a llevar, pues Destiny, tiene todo para no querer dejar de jugar, y ahora que ya no lo tengo, me entra la melancolía por un juego que en tan pocas horas, hizo tanta fascinación en mí. Ojalá pasen rápido estas semanas, pues Destiny podría convertirse en mi shooter favorito, en tan poco tiempo.

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