Creed | Crítica

Yo también soy de la generación en la cual nos pusimos guantes invisibles, corrimos las escasas escaleras de la casa y al final saltamos de alegría por haber llegado a la cima. Yo también fui Rocky y vengué a Creed. Yo también le gané a Drago mientras sonaba en la grabadora “Eye of the Tiger”. Vi Creed y todo esto se me vino a la mente. Esta es mi crítica.

CREED

Sylvester Stallone vuelve al papel cinematográfico que realmente lo mandó al estrellato, el que lo puso en el mapa y le dio la oportunidad de encarnar a otros más: Rocky Balboa, el boxeador más grande de todos los tiempos -al menos en el cine- quien de ser un don nadie, se convertiría en el más grande de todos y a su vez, en la persona más sola del planeta.

Junto con Michael B. Jordan (Fantastic Four), Stallone trae una historia que tal vez no todos esperábamos ver, pero entre todos los relatos que nos ha traído este actor-director-productor, es quizá una de las más mejores que pudo habernos contado. Jordan interpreta al hijo no reconocido de Apollo Creed, uno que tuvo fuera de su matrimonio pero del cual se encargó Mary Anne, la legítima esposa del controvertido peleador. Ella lo saca de los interminables problemas que enfrentaba en el reformatorio para darle techo, vestido y comida, y por supuesto, una mejor oportunidad de vida. Adonis “Donnie” Johnson crece y se convierte en lo que Mary Anne menos quería: un boxeador.

Cuando por fin Donnie se decide a hacerse profesional, se muda a Philadelphia para convencer a un viejo y cansado Rocky Balboa para que lo entrene y lo haga mejor que su mismo padre.

Al ver Creed podríamos pensar en una película sin chiste, sin argumento, con un campeón de campeones como Rocky que vendrá a salvar el día. No, Creed fue escrita y producida como ninguna de las demás películas de la saga donde el heroísmo y patriotismo muestran a la unión americana como una sola en contra de la próxima amenaza boxística. En Creed debemos esperar una historia mucho más profunda, basada en el encuentro consigo mismo de un joven con metas bien definidas, pero siendo fiel al dicho “el fin justifica los medios”.

Donnie bien pudo haber sido un personaje vacío, de proporciones mercadológicas gigantescas, pero el guión supo tratarlo bien y darle el sentido que la producción realmente quería, y sin duda lo logró. En Creed encontraremos papeles con un claro sentido de su rol en la película, con actuaciones concentradas en transmitir qué quieren y qué buscan. La química entre Stallone y Jordan pasa de ser nula a magnífica, empezando por sus interpretaciones y por los diálogos que jamás se acercan a ser domingueros -en pocos casos sí parecen serlo-, acompañados de una banda sonora inspirada en las originales melodías que nos enchinaban la piel, más otras piezas completamente modernas, dándole versatilidad a las escenas y quitando el factor de predictibilidad a la hora de lo sucedido en pantalla.

La producción de Creed se encargó de traernos buenos recuerdos, escenas un tanto copiadas y recursos de las anteriores películas para provocarnos nostalgia y avivar ese sentimiento de gusto por la película, sin embargo nunca abusan de estos elementos y rápidamente vuelven a enfocar la atención a la historia que se cuenta con Donnie y Rocky.

Mis expectativas antes de la película eran la de ver a Stallone enseñando golpes y movimientos rápidos de cadera, gritos de ánimo y regaños. Salí con un sabor de boca muy diferente. Salí de la sala del cine con un pedazo más de la historia en la vida de Rocky, recuerdos que me invadían de cómo Creed bailaba antes de pelear con Drago, Siberia, Adrianna, la música, Mickey. Sentí que mi dinero fue bien invertido, pues ni todo giró alrededor de Donnie, ni al de Rockey, todo giró alrededor de un boxeador en busca de la gloria en nuestros tiempos, y la aceptación que le da a la dificultad de las cosas y a los baches en el camino.

En esta reciente entrega de la historia de Rocky, no sabemos si será la última también, podemos sentirnos satisfechos del curso que lleva la vida del boxeador, de cómo deja su legado y se empieza a convertir en una leyenda más que el campeón que siempre fue. Nos gustó tanto la película, que sería imposible no recomendarla como una película digna de ver, si es que también golpearon varias veces al aire y levantaban los brazos al cielo. Creed no es la mejor película del año, pero sí es quizá la mejor conclusión a una de las mejores historias deportivas del cine.