Elite Dangerous | Reseña

El tiempo y la experiencia me han enseñado que un juego es diferente a un simulador. Uno es para divertirse a montones y el otro es para recrear lo que sería eso mismo pero en la vida real. Elite: Dangerous es un simulador y yo soy mejor piloto que Anakin Skywalker. Que cualquiera en la galaxia. Bueno, eso pensaba yo… Esta es mi reseña.

ENCHÚLAME LA NAVE

Elite: Dangerous es un juego exclusivo de PC y Xbox One, en mi caso es nada más entonces para Xbox One pues mi PC es igual de potente que una calculadora Casio de ocho dígitos.

Este juego tiene una característica muy peculiar, muy atractiva para mi y que le dio mucho empuje para obtener una buena calificación, y me refiero a la personalización, mejoras y controles de las naves; no estoy hablando de ponerle pegatinas, una mejor arma, subir y bajar velocidad, estoy hablando de serios cambios a placer para en verdad acomodar nuestros recursos a lo más conveniente en el campo de batalla, perdón, espacio de batalla. En nuestra nave tenemos la posibilidad de seleccionar armas delanteras derecha e izquierda, la cantidad de tipos es considerable y hay para todos los gustos, sin embargo por momentos no supe entender la diferencia entre unas y otras debido a la explicación tan rebuscada y los términos demasiado específicos. No habría sobrado algún video o animación explicativa del arma, como en Diablo 3 – se me ocurre dicho juego-. El problema también reside en que probar los cambios requiere salir al espacio y buscarse enemigos para darle caña. Pero no es motivo de alarmarse, casi todas las armas son efectivas y los precios podrían parecer elevados, pero nada que unas misiones no puedan arreglar.

No sólo de armas está compuesta nuestra nave, es imperativo fijarse también en los motores, el blindaje, el compartimento para guardar los recursos que recogeremos, en fin, hasta el desodorante dentro de la cabina podremos escoger. No, no es verdad eso, pero hubiera sido genial. Esta es una de las características de Elite: Dangerous que más nos gustó y nos mostró por qué es en realidad un simulador. Una vez que decidimos adentrarnos en la galaxia, las naves se manejan de manera muy cómoda, en realidad hacen sentir que estamos ante un vasto espacio infinito y que no somos realmente nada, por lo que los movimientos por más bruscos y veloces que sean, invariablemente se nos harán poco emocionantes. No intenten nunca comparar un juego de naves dentro de un planeta donde todo es menos amplio y las maniobras se hacen espectaculares, con un juego como Elite: Dangerous donde estamos en un lugar un poquitín más súper mega gigantesco.

Estando afuera es donde el sentido de ubicación se debe agudizar al máximo, pues aunque nuestro radar es sumamente bueno, no existen edificaciones o tantos puntos de referencia para ubicarnos, sin embargo es nuestro mejor amigo en un oscuro espacio. Este nos dirá dónde están los enemigos, recursos, base y amigos, todo basándose en longitud y altura hacia ellos, como si nos mostrara los catetos en un triángulo rectángulo –saquen el Baldor-. Sí, reconozco que las primeras ocasiones ni siquiera volteaba a verlo, pero después de un rato de agarrarle la onda, dejé de ver hacia adelante para hacerle caso el 90% del tiempo a este dispositivo utilísimo. Deben de tener mucho cuidado con las distancias en cómo las maneja, podrían perderse y ya valieron.

Respecto a la cabina hay mucho de qué hablar, empezando porque el control de velocidad hacia adelante y hacia atrás me parecieron fantásticos, haciendo hincapié en la canalización de recursos y energía. Esta parte debe ser muy cuidada para evitar valer sombrilla allá afuera pues no querrán quedarse sin gas y después encontrar una gasolinera con un Oxxo está más difícil. Bueno, Oxxo’s hay en todos lados.

Las armas son otro boleto también, ya les expliqué que las pueden comprar para ponerlas donde gusten, sin embargo pueden realizar combinaciones para echarlas a andar de acuerdo a las necesidades en batalla. Aquí es donde les reitero mi amor por la cabina, pues los instrumentos y controles se vuelven muy específicos, lo que tooooodos los gamers buscamos.

Siguiendo con las armas podemos seguir con el amor a Elite: Dangerous pues aunque no son extremadamente espectaculares, manejan un nivel de realismo bueno desde el momento en que las activamos para atacar. Siempre tengan en mente que aquí las armas sufren un calentamiento y deben descansar antes de volver a echar disparos, pero con una buena administración y una gran puntería, no llegaremos a extremos de quedarnos sin oportunidad de tiro.

Y AHORA ¿QUÉ HAGO?

El entrenamiento es quizá uno de los mejores que haya visto en un juego, generalmente estos se hacen durante la marcha de las primeras misiones con tutoriales básicos de uno o dos botones y algunas muertes de regalo para ir aprendiendo poco a poco y dominar pronto el juego.

Elite: Dangerous maneja muchos capítulos para prepararnos, casi me sentí como en academia militarizada espacial, pues no se tratan de misiones leves ni rápidas, se podrían sentir incluso como si fuera ya el modo historia; son entretenidas, muy desafiantes, un tanto largas, sumamente didácticas y cuando se logran los objetivos son muy gratificantes. Les digo, como un modo historia en donde apenas estamos aprendiendo a volar. ¿El mejor entrenamiento entonces de la historia? No, relájense, no es para tanto, pero sí uno de los más completos.

El problema no está en graduarse y pedir a gritos misiones reales para poner en alto el nombre de nuestra familia, sino encontrar enemigos una vez que salimos a buscar bronca espacial. Así como hay misiones donde no ves lo duro sino lo tupido, hay otras que sacan bostezo tras bostezo. No voy a mentir: una ocasión dormité por unos minutos mientras viajaba en busca de recursos. Si eso pasa en un juego, algo está mal.

A pesar de que pueda ser muy muy muy muy aburrido por momentos –pero muy-, no sé qué diablos tiene Elite: Dangerous que nos quita las ganas de dormir y de repente como que nos vuelve a parecer interesante porque “chance y ya se viene la acción”. Sí sucede en ratos, pero en otros nos volvemos a decepcionar.

VEREDICTO

Elite: Dangerous es un juego que no me dio muchas esperanzas al principio, me gustó mucho cuando lo inicié pero conforme pasaron las misiones empezó a quitársele lo atractivo por los sentimientos encontrados, una parte porque es emocionante y la otra porque es confuso, misma razón por la que podría pasar a ser aburrido.
Sin embargo el nivel gráfico, la cabina, la personalización y varias misiones, lo hacen muy ambicioso y por ende, las cosas malas se transforman en “áreas de oportunidad”, no en “errores gachos”. Elite: Dangerous tiene eso, muchísimas áreas de oportunidad para explotar y gustar mucho más. No estoy diciendo que sea un juego malo, simplemente no es lo magnífico que podría ser, pues el potencial ahí está, nomás es cosa de sacarle todo el jugo, pues es una naranja enorme y dulce que quizá nada más están exprimiéndole la cáscara.

Entonces ¿lo recomiendo o no? Sí y no. Sí para los que son pacientes y tienen un gusto selecto en juegos donde no todo es disparar y destrozar millones de enemigos frente a ustedes, y además son de los que van disfrutando poco a poco la aventura sin prisas. No para los que buscan la mayor acción posible capítulo tras capítulo, como los que son fanáticos de los juegos de disparos donde falta tranquilidad y sobra destrucción, a esos no les aconsejo adquirirlo.