Lost Orbit | Reseña

¿Por qué los juegos que poca mercadotecnia tienen, resultan ser malos? Se supone que no se debería cumplir la regla siempre, sin embargo pueden darse el lujo de adivinar su veracidad con Lost Orbit, un juego para PlayStation 4 que recién salió y ya pude jugarlo. Oh Dios.

ME PERDÍ UN POCO

Dos cosas hicieron que me dejara llevar, la primera fueron los escenarios donde se desarrollaba la historia, la segunda fue su etiquetota de independiente. El espacio sideral, y además desolado, es el lugar donde Harrison, nuestro protagonista inicia el relato, o más bien una voz externa que siendo muy calmada, nos haría recordar a dos personajes de juegos muy famosos y exitosos: Transistor y Thomas Was Alone. Quienes hayan tenido la grandiosa oportunidad de probarlos, sabrán que ambas voces son parte importantísima en el guion, igual que aquí pues esta voz nos platica todo lo que sucede con el viajero solitario que controlaremos.

Es fácil quedar atrapado en la voz y en lo relatado, pues los detalles y ocurrencias conforme navegamos por la pantalla nos hacen reír por momentos, o hasta considerar encariñarse con Harrison, quien desgraciadamente está por su cuenta en un vasto espacio, oscuro y con varios peligros. Desgraciadamente mi descripción suena más atractiva que el propio desarrollo del juego, el cual se transporta entre las diferentes locaciones con sus respectivas características, obstáculos, accidentes naturales y enemigos –si así se les puede llamar-.

Es importante tomar en cuenta un detalle cuando se diseña un juego, y me refiero a mantener al jugador interesado en lo que viene, lo que podría venir, lo que se imagina o hacen imaginar. Lost Orbit siembra súper bien la semilla del misterio delante de nosotros. La cosecha sin embargo, es mala. Mala porque simplemente no llega por más que avancemos y surquemos el espacio, por más que esquivemos las rocas, disparos, desechos, paredes, cuchillas y usemos en incontables los cuerpos celestes que nos dan impulso, rampas y agujeros negros, nunca llega ese momento en donde sintamos la diferencia entre un escenario y otro. Sea de paso decir, que la diversidad la marcan los colores y los patrones, sin embargo es casi lo mismo en cada nivel.

Lost Orbit es un pequeño tributo a Velocity, pues son tres los indicadores que nos darán medallas en cada nivel: tiempo, “Obtainium” y muertes. Entre menos tiempo, menos muertes y más unidades de Obtainium –cristales rosas-, mejor la medalla. No es sencillo obtenerlas, pero tampoco es un martirio, es cuestión de echarle ganas, practicarle y sobre todo acabarse el juego, pues con cada nivel obtendremos cristales para mejorar nuestro equipo, mismo útil para ser más rápido, frenarse, girar, hacer explotar rocas y hacer unas cubas muy buenas para las fiestas. Creo que eso último no. No lo he corroborado.

Claro que también cuenta con ciertos aspectos buenos, pero son tan pocos que fácilmente podría describirlos. Lo haré. La música es muy acorde al lugar, a la voz y a los personajes, sin duda la estrella bien merecida de Pixelnauts. Ciertos efectos de luz, explosiones, las ideas bien delineadas de cómo obligarnos a usar la estrategia en el juego, las animaciones y Harrison, son los factores a que Lost Orbit se merezca un aplauso, más no una ovación. Ni siquiera a ponernos de pie.

Es imperativo hablar de los controles, los cuales sufren de imprecisiones y por la misma lógica que usan para mover al astronauta, se terminan haciendo difíciles y poco agradables. Es fácil perder la dirección, sentido, ubicación en la pantalla y los estribos. Me refiero a los estribos mentales. Es muy aconsejable no usar el joystick para girar, sino valerse de los botones y mantener siempre la dirección al frente para tener menos sensibiidad en el giro. Nomás consejo.

¿LE FALTA ALGO?

Creo que más bien le sobró ambición a los desarrolladores, quisieron entregar un gran juego de desplazamiento vertical, con obstáculos, velocidad y buena presentación, que se les olvidó meter jefes de nivel, armas, recursos propios y no externos. Me refiero con externos por los túneles, rampas y campos de fuerza, y con propios a pistolas, más bombas, métodos diferentes de propulsión, escudos y otros más que me cansaría de señalar.

Ah, pero pregunté si algo le faltaba. Le falta acción, más velocidad, mejora del traje, de las posibilidades para maniobrar, control, imaginación en los paisajes, encontrar las debilidades y reforzar las pocas fortalezas. A Lost Orbit le falta mucho trecho para ser un juego merecedor de pagar su costo. Le veo potencial, no hay duda, pero creo que esto debió ser una beta en donde muchos testers levantaran la mano para no dejarlo como un juego que se siente incompleto.

Si es que habrá una secuela, los creadores deberán pensar en algo más pulido, pensado en el astronauta y la manera en que puede ser más temerario, menos débil, así callado está bien, más… Pues ¿cómo decirlo? Más maldito, más “badass” como le llaman. Alguien digno de gustarnos y no querer soltarlo, vaya, hasta para comprar una figurita. Así como lo presentan ahora, Harrison es sólo un astronauta de un juego aburrido.