Wolfenstein: The Old Blood | Reseña

Corría el 2014 cuando su servidor, aquí presente Andrés Portillo, tuvo el gusto de traerles la reseña de Wolfenstein: The New Order. Hoy 20 de mayo del 2015, se regocija en platicarles de manera muy sencilla, rápida, amable y gustosa, la aventura recorrida en Wolfenstein: The Old Blood, primer contenido descargable del juego de Bethesda. Y a como nos fue, ojalá sea el último.

Comensales míos –pues no hay nada como acompañar mis reseñas con una rebanada de pizza-, no se dejen llevar por la preocupación de los spoilers, sepan que no les arruinaré el juego original en caso de que no lo hayan gozado. Sigan leyendo. Y comiendo.

SÍ, UNA PRECUELA

No nos cansamos de las precuelas ¿verdad? Pareciera que es lo de hoy, es como dejarse la barba sin importar si son guapos o no, pues ya casi no hay juego sin un capítulo que cuente cómo llegamos hasta ahí. No lo reprocho, pero quizá se está choteando la fórmula y es precisamente a lo que nos enfrentamos en Old Blood, un B. J. Blazckowicz pleno y radiante, en la flor de la aniquilación y quién debe ir al Castillo Wolfenstein por dos razones: rescatar a su amigo y nomás porque se le hinchó la gana. Es Blazckowicz y si quiere ir a enfrentar nazis a terreno ajeno, lo hará.

Un “mini-me” es como mejor se me ocurre describir a Old Blood, pues es la misma presentación de New Order, con gráficos idénticos, misma mecánica de disparo, controles iguales, esa voz aguardientosa de B. J. digna de un mata nazis, un perfectísimo alemán en los enemigos, imaginación para los escenarios y mucha violencia. Por eso es que se le consideraría un “mini-me”, pues es lo mismo pero en una dosis más pequeña. Sin embargo no es tan reducida, empezando por ser un DLC independiente el cual no necesita del juego original, en el cual aproximadamente ocuparemos unos 45 Gb de disco duro, no tan alejado de New Order.

El problema con Old Blood no consiste en si es o no entretenido, es la idea errónea de creer que será un juego de entrada por salida, cuando es todo lo contrario pues conforme avancemos nos entrará la espinita de “ya deberé ir muy avanzado”. Pero sorpresa nos llevamos al ver un mínimo porcentaje pues Old Blood no es nada compacto, ya que Bethesda nos sirve con la cuchara grande, y por duración hace que valga la pena nuestra inversión. Debo ser sincero y reconocer que no esperaba su gran duración.

Pero bueno, quizá no deba quejarme por tal situación, el problema es al que nos enfrentamos el 70% del juego, consistente en permanecer muy calladito, sigiloso, sin ser visto, detalle punzante en el hígado pues estamos ante un juego de disparos, no un Metal Gear Solid o Splinter Cell. Podría asegurar que por la cantidad endemoniada de escenarios donde debemos ser silenciosos, es en realidad una táctica para obligarnos a salir de las sombras y rafaguear (sic) a cuanto se nos ponga enfrente. Y no hay duda, se pondrá duro el asunto y dependiendo del modo, podría ser incluso que nos cueste algunas pasadas para salir adelante, pero nada fuera de lo común.

Ahora, no podemos olvidar el aspecto por el que Wolfenstein es una chulada, y ese precisamente son las armas que usaremos. Y… pues son aburridas. Hubiera querido explotar de júbilo en esta parte de la reseña pero… son aburridas. Ya saben, metralletas, rifle de francotirador, bonitos cuchillos que hacen juego con la vajilla del Tercer Reich, bombas, escopetas y otros… también aburridos. Me quedaron a deber con lo previamente visto en New Order donde gritaba de felicidad y alegría cuando se desprendían angelicalmente los miembros inertes y sangrientos de los nazis. Ahora sólo es cuestión de “ok sí ya te maté, el que sigue”. Ese sabor de hierro por la sangre que se nos quedaba en la boca, ha dejado de ser penetrante, ahora sólo podemos disparar como viles mortales. Y eso es aburrido.

Hasta donde recuerdo Wolfenstein debía ser un rugido de valor, de hombría, lleno de testosterona, aguardiente, un puro en la boca, pólvora e ira cuando cargábamos ambos brazos con las metralletas y repartíamos plomo entre los germanos anfitriones. Ya no más pues Old Blood le quitó de tajo esa profunda diversión bélica y morbosa provocada por el juego original, y en verdad quiero dejar en claro que no es malo, pero desgraciadamente la cantidad de veces que debemos permanecer escondidos es superior a las ocasiones en que saldremos a tambor batiente.

old_blood

DAS AUTO

No me imagino el significado de la frase, pero como está en alemán pensé que debería aparecer. Lo qué sí debe aparecer en esta reseña es el pedacito de cielo bélico de Wolfenstein: The Old Blood, llámese así a las “arenas”. Nótese también el uso de comillas pues no es tanto como una arena, sino más bien son escenarios sacados directamente del juego, los cuales son dignos de ponernos en situaciones muy peliagudas para sobrevivir.

Estas arenas nos colocan con varias armas, cajas de vitalidad, munición y una cantidad finita de alemanes, lo malo aquí está en que no son oleadas, simplemente aparecerán los necesarios y deberemos arreglárnoslas para conseguir la mayor cantidad de puntos, desembocando en trofeos para PlayStation, logros para Xbox. No es cosa del otro mundo, pero sí importa la dificultad en que se juegue, relacionada directamente con las puntuaciones tope.

Mi recomendación tiene vertientes dependiendo de quién se aviente el tiro. Si usted comensal es nuevo en Wolfenstein, debe jugar Old Blood antes de New Order con el fin de no decepcionarse después de la aventurototota del original. Si ya jugó este, no espere una experiencia rápida ni muy emocionante con Old Blood. Si ya jugó los dos, entonces gracias por leer la reseña, pues lo hace por puro gusto.

KAPUT

Ese sí sé su significado: descompuesto. Gracias pequeño diccionario Larousse. No es tanto como describiría Old Blood, más bien diría que vale el precio por su duración y no así por ser emocionante. Claro que Bethesda le echó ganas en algunos nuevos soldados y su manera de accionar, sin embargo esa enjundia no se reflejó en las armas de fuego ni en incrementar la adrenalina ya sentida en el previo. Old Blood es un buen contenido descargable para no extrañar a Blazckowicz, para los que querían más de este gran shooter, para acariciar la muerte con tonalidades un poco diferentes.

Para finalizar mientras ustedes le ponen salsa a la orilla rellena de queso en su pizza, no puedo negar que sí me gustó Old Blood para una partida casual, para no dejar olvidada mi pasión por los juegos de disparos y para no omitir este material donde nuevamente nos ponemos las botas de B. J. y repartimos metal candente entre los nazis locos. Eso sí, una chulada los cuerpos decapitados regando sangre por los pisos de piedra caliza en el castillo Wolfestein. Es lo que paga el boleto.