La Chica Danesa | Crítica

Seamos honestos, la siguiente entrega de los premios de la Academia estará eclipsada por lo que suceda con el premio a mejor actor principal, todo por el morbo de que aproximadamente el 99.99% -la verdad es que no tanto- de la audiencia está esperando que por fin Leonardo DiCaprio se lleve la estatuilla. Pero ¿Qué sucede cuando el actual ganador vuelve a estar nominado por un papel de transexual? Diablos, mejor lean mi crítica de La Chica Danesa.

LA CHICA DANESA

Tom Hooper (Los Miserables, El Discurso del Rey) dirige otra película multinominada, especialmente por el trabajo actoral y la producción que nos trae historias basadas en la vida real; ahora en el caso de La Chica Danesa es propio aclarar que está inspirada en el libro de David Ebershoff el cual es sabido, no refleja la historia de Lili Elbe como fue enteramente.

Sin embargo y para efectos de la historia de Einar y su transformación en Lili, esto es un mero detalle que no tiene total importancia, pues Hooper se interesó más en las historias de amor y egoísmo, que en la vida real de la controversial pintora.

Así es, La Chica Danesa es una película de amor y desamor, de egoísmo, de autoayuda, de ayuda al prójimo y sobre todo, de abnegación. En este largometraje veremos la historia de Einar y Gerda Wegener, un matrimonio de finales de los 20’s que su amor y vocación para la pintura es infinito, tanto como el amor que se profesan y practican como si fueran novios enamorados y con un fin en particular: triunfar juntos en su vocación y en su amor.

Sin embargo Einar ha sido egoísta con su verdadero yo, el cual es una mujer que siempre se ha mantenido al margen de la vida por miedo al rechazo, a sentirse diferente y a no encajar en una sociedad que no entiende a los homosexuales. Cuando Einar confunde un simple juego con la realidad, es entonces cuando Lili aparece en su mente y se apodera del cuerpo que la tuvo cautiva desde que nació. Por fin Einar acepta que es gay y su mayor deseo es el de sentirse una mujer hecha y derecha. El resto es una oda a un dicho muy conocido: detrás de un gran hombre, hay una gran mujer. Esa gran mujer es Gerda, la dama que deja a un lado el inmenso amor que siente por su esposo, para respetar y apoyar incondicionalmente a la mujer que vivió dentro del cuerpo de Einar, Lili, y que termina exponiéndose por la abnegación total de Gerda, pues ella lo ama con tal desmedida, que se olvida de su propio bienestar.

La Chica Danesa está protagonizada por Eddie Redmayne, actual ganador del Oscar por su trabajo en La Teoría del Todo, donde también interpreta a un personaje de la vida real, a Stephen Hawking, y junto con Alicia Vikander (El Agente C.I.P.O.L., Ex-Machina), crean una verdadera delicia de pareja actoral. La química en pantalla de los tres personajes es de lo más perfecto que he podido gozar en los últimos años, y debo destacar que no todas las escenas generan un sentimiento de disfrute, pues el guión sumado al trabajo de dirección y a los actores, logran infundir una serie de sentimientos que van desde lo tierno y gracioso, hasta lo incómodo, lo nefasto, desgarrador y sí, también lo enfermizo.

Una gran actuación se vale de muchos recursos, no sólo de las palabras y su entonación, sino también de los gestos y los detalles, explotados al mil por ciento por esta dupla de histriones que logran una película que no dan ganas de volver a ver por su tristeza, pero imperdible por el trabajo realizado. Vikander y Redmayne se comieron a puños el papel y denotan en cada escena el sentimiento de repulsión mezclado con amor inagotable por parte de Einar, Lili y Gerda. La Chica Danesa logra platicar en el estudio de pintura de ambos artistas, mucha más historia que en el resto de las locaciones, sin importar si son pocas o están bien ambientadas, pues al momento de ambos estar en pantalla, la producción pasa a quinto término y sólo uno espera ver la reacción facial y verbal después de cada sentencia.

VEREDICTO

La dirección de arte junto con la música sin duda ambientan muy bien a La Chica Danesa, sin embargo y a pesar de que también el vestuario es impecable, son factores carentes de impacto como deseablemente se pudo haber logrado, es decir, no le exprimieron el jugo necesario. Pero no por esto debo señalarla como una mala producción, más bien como algo inteligente, pues dejan que el trabajo humano hable mucho más allá de la pintura en la pared, el calzado en los pies y las luces en los escenarios.

Es más la acción aquella que nos envuelve, las posturas y las expresiones, las palabras y las miradas; en pocas palabras, son Redmayne y Vikander. Son ambos la pareja que vertiginosamente nos hacen parte de una historia que no es absolutamente nada nuevo en nuestra sociedad, en un caso que carece de sorpresa y ha dejado de ser morboso, sin embargo ahora será aceptado y hasta aplaudido: el valor de un ser humano para reconocer que su cuerpo no es el correcto, en que sus sentimientos son distintos, sus gustos no son enfermos y tampoco su deseo es sinónimo de sodomía.

Señoras y señores, queridos y adorados lectores, La Chica Danesa es una película que en mi opinión llega tarde a hablar de un tema que ha dejado de ser controversial, afortunadamente el mundo está cambiando y la sociedad homosexual ya es visto como seres humanos -pues eso han sido siempre- y ya no como bichos raros, los transexuales empiezan a formar parte de la vida cotidiana y su lucha, es una lucha que se lleva a cabo diario y en miles de lugares en el orbe. Sin embargo, el pretexto de llevar a la gran pantalla este caso, es el de fortalecer esta idea y respaldar a las personas que se sientan así, se agradece y se aplaude que La Chica Danesa haya mostrado un caso de manera tan sensible, haciendo de lado ese factor sexual que no deja nada de aprendizaje.

Para finalizar, me resta decir que Redmayne se puede sentir muy cerca de convertirse en ese diminuto grupo de actores que han logrado dos estatuillas consecutivas (Tom Hanks, Spencer Tracy) pues todo su desempeño es increíblemente bien logrado, pues cada detalle me convenció más de que una mujer era la que realmente habitaba su cuerpo. Respecto a Vikander, sólo puedo decir: me pongo de pie.