Dishonored: Death of the Outsider | Reseña

Arkane Studios junto con Bethesda traen la tercera entrega en la serie de Dishonored, que es en efecto el último tercio en una saga que si bien podría tener más para adelante, ojalá no siga con la misma línea que hoy en día no me permite calificar a Death of the Outsider como un juego necesario.

LA MUERTE EN CADA MISIÓN

Sin importar qué tan experimentados estén en las artes del sigilo tipo Dishonored, Death of the Outsider se las arregla para hacernos sufrir en cada misión por su relativo sandbox -porque no llega ni a eso- donde las pistas e investigación, además de la lectura de cientos de papeles, nos obligan a ir paso a paso y cuidadosamente sin tratar de saltarse fragmentos de relatos para complementar bien la historia, y toda vez que hayamos echado mano de estos versos, los contratos y misiones serán un poco más llevaderas, si primero nos ocupamos de las oleadas de villanos que hoy por hoy están un poco más entrenados a comparación de Dishonored, el primero, pues la dificultad ha crecido considerablemente.

Billie Lurk es nuestra protagonista que junto con el asesino Daud, tendrá que explorar e investigar en todo Karnaca para encontrar un artefacto capaz de acabar con la vida del Outsider, el mismo que ha dado poder al Imperio. El cuento platicado en Dishonored: Death of the Outsider no es malo, es agradable pero sentí por momentos que perdía ritmo, se esfumaba y empezaba a perder fuerza con lo intrincado de las misiones, pues en cada una debemos darle vuelta a toda la cama -por así decirlo- para ir avanzando poco a poco en un juego rápido y que no se siente como algo tan nuevo, a pesar de sí serlo.

¿A qué me refiero con esto? Death of the Outsider es un juego nuevo en esta serie, eso no hay duda, también le agregan tres poderes nuevos que facilitan horrores el paseo que daremos por Karnaca, ya sea que nos haga súper sencillo la muerte de los enemigos, o simplemente escondernos para pasar desapercibidos, pero en sí a pesar de ser todo esto innovador comparado con los otros dos juegos, los gráficos y el motor son lo mismo, los menús, las animaciones, muertes, señaladores, todo básicamente es lo mismo de las entregas previas, atreviéndome a decir por mucho que me quedo con Dishonored 1 en su versión de PlayStation 3.

Pero no he llegado al veredicto. Estos tres poderes “nuevos” son buenos y entretienen por su aspecto visual, la bronca se avecina cuando las misiones no tienen un diseño tan grandioso como quizá uno quisiera o recordara del primer tomo, aún así logran rescatar varias mecánicas para restringir el juego a mucho sigilo en vez de salir a darse de topes como si fuera un Doom o Wolfenstein. Dishonored: Death of the Outsider es entretenido como todo lo presentado en la serie de Dishonored, de eso no tengo la menor duda, pero es lo rutinario y monótono lo que no puedo soportar por la poca evolución mostrada con el paso de los años. Una cosa es mantener la línea narrativa y de jugabilidad, y otra muy diferente la de no hacer cambios agresivos y arriesgados.

VEREDICTO

Sí terminé varias veces contento con el final de los niveles, con el tiempo que se toma uno en encontrar todos los artefactos y cuchufletas que sirven de apoyo en el juego, las muertes sangrientas que nunca dejaron de agradarme y la lista de trofeos que imprimen muchísimas horas más de juego, y es por eso que no calificaré tan mal a Dishonored: Death of the Outsider, sin embargo en una escala de cuánto lo necesitamos del “1 a 10 millones de dólares”, pues creo que se acerca más al 1.

Dishonored: Death of the Outsider cumple con las expectativas, no mata la serie ni la revive, simplemente la deja ahí donde está, en el corazón de sus fanáticos pero no ayuda a que sea más épica, solo la mantiene y ya. Yo quisiera ver un Dishonored 3 con cambios radicales no sólo en historia, sino en mecánicas, en armas, en poderes, en básicamente una aventada durísima de carne al asador para terminar con la saga de manera monumental, pues no quisiera ver patadas de ahogado.