Ícaro | Crítica

“Vine buscando cobre y encontré oro”, uno de los memes que más risa me han dado de los últimos meses pero que hoy cobra una fuerza monumental y magnificada, al terminar de ver Ícaro, un documental original de Netflix que sin duda alguna renueva mi confianza en las producciones de esta compañía. Ícaro habla de un tema demasiado íncomodo: el dopaje en los deportes. Yo no estaba listo para verlo pero hoy estoy listo para entenderlo. Aquí mi crítica.

ORO ENSANGRENTADO

Bryan Fogel, director, productor y co-protagonista de Ícaro, no estimaba en su presupuesto comenzar con una historia donde quería explorar su más sincera decepción y terminar con un destape de la cloaca más puerca y llena de basura que mancha al deporte olímpico. Fogel empieza con una aventura para demostrar que la WADA (Agencia Mundial Antidopaje) y en sí la medicina deportiva de hoy, no son capaces de descubrir a los atletas bajo la influencia de drogas gracias a las artimañas y trucos que junto con los científicos, utilizan para escapar de las pruebas y salir supuestamente limpios.

Fogel en su intento de decir “miren cómo no me atrapan”, contrata a Grigory Rodchenkov por recomendación, para ayudarle con esas tretas y así Fogel poder hacer uso de las hormonas y ganar una competencia de ciclismo, la cual por una mala planeación no puede vencer. Cuando las cosas se tornan aburridas en Ícaro, una investigación realizada por la WADA alcanza el nombre de Rodchenkov quien fuera Director del Laboratorio Antidopaje en las Olimpiadas de Invierno en Sochi 2014 -Rusia-. Esta investigación busca desvelar un organismo pagado por el Estado Ruso para suministrar drogas a los deportistas y que además no sean descubiertos mediante protocolos, horarios, calendarios, métodos y demás trampas, todo de la mano del mismo Rodchenkov.

El resto del documental es una sorpresa tras otra con nombres, fechas, datos, imágenes, documentos y declaraciones del mismo Rodchenkov, quien decide escapar de su país para evitar caer en la oleada de eliminación a gente inmiscuida en dicha organización que supuestamente existe. El “supuestamente” lo elimino de inmediato pues las pruebas mostradas por el doctor, develan información increíblemente real, pero desmedidamente triste.

HORMONA DORADA

La producción de Ícaro es realmente fabulosa, recibiendo los golpes de las investigaciones y las corporaciones así como de los países, tratando de callar y otros de hacer escuchar lo que Rodchenkov tenía que decir. Empezando con una operación silenciosa y secreta mostrando imágenes de atletas que decepcionaron al mundo, para terminar con un despliegue histórico y penoso de lo que es hoy en día el deporte olímpico, tanto veraniego como invernal, centrándose especialmente en el país comandado por Vladimir Putin, y que siempre ha de estar peleando por ser puntero en todos los tópicos mundiales donde se busque ser exitoso.

La cantidad de información quizá no es demasiada, pero se entiende por la naturaleza de la misma y por los posibles desenlaces fatales que recaerían sobre el científico, pero los hechos más lamentables e inverosímiles son los que en lo personal me dejaron más impactado y decepcionado que en quizá otra película en la que el guión es extraído de la mente de un escritor, y no de sucesos reales como es en el caso de Ícaro.

VEREDICTO

Por ser un documental es impertinente ahondar en los asuntos técnicos pero sí en los incidentes que atañen a Ícaro, el de develar una verdad tan terrible y tan espantosa, escandalosa y tétrica, que no sería complicado imaginar imitaciones en el resto de los países presentes en juegos Olímpicos. Este documental no desea señalar a Rusia como el lobo feroz del cuento ni entrometer asuntos políticos en los deportivos, solo intenta -y logra rotundamente- marcar un hito en el periodismo que trata de mostrar la verdad al mundo y en este preciso caso, a los espectadores que nos sentamos frente a un televisor y apoyamos con vítores, alabanzas y con nuestra pasión, a deportistas que no pelean justamente por llegar sucios a las competencias, pues si no estás limpio de sustancias prohibidas, entonces estás sucio, contaminado, embarrado de toda la porquería que acongoja al deporte.

Ícaro muestra una cara aterradora del deporte, de sus manejadores, de la política alrededor del mismo, y con palabras crudas y sin maquillaje; sobre todo Ícaro es un llamado de atención a las autoridades deportivas a que dejen de ser parte del engaño que le exponen y venden al público que fielmente apoya a sus competidores favoritos. Por desgracia, Ícaro expone una realidad que desvalora y enmugrece a una de las disciplinas que más a salvo de la corrupción debería estar. Ícaro es sublime.