Más allá de la montaña | Crítica

Para ésta película es importante entender varios aspectos de la vida cotidiana porque nos hemos sumergido tanto en la costumbre de vivir, que tal parece que necesitamos a veces una sacudida, una tormenta, vaya, un desastre, calamidad, o crisis para valorar el significado de existir, la trascendencia y el porqué decidimos mantenernos con vida.

Más allá de la montaña “The Mountain between us”, dirigida por Hany Abu-Assad, es una sóla narrativa de dos extraños, Alex Martin (Kate Winslet) una periodista comprometida a un día de su boda y Ben Bass (Idris Elba) un neurocirujano que se mantiene en el misterio sobre su vida personal, pero poco conservador para conversar; ellos se conocen porque su vuelo se canceló por las tormentas, y entre las quejas se hablan para pagar una avioneta privada, viéndose en la necesidad de confiar uno en el otro tras sufrir un choque contra la montaña nevada debido a las fuertes corrientes de aire.

Resulta que el piloto ya experimentado acompañado de su mascota queda en estado de shock y muere antes de caer a la tierra, provocando el rápido deceso de la aeronave; sobreviven a este accidente Alex, Ben y el perro, que por cierto, este último, es increíble, un personaje tan elemental como cualquier otro que tenga diálogos, porque aún si la ficción no le dió el habla, su posicionamiento durante el recorrido de supervivencia podría considerarse el núcleo de fraternidad y comunicación, el lazo entre Alex y Ben, estrechando su relación con el paso de los días a una fuerte conexión de supervivencia entre el extremoso clima.

La cinta relata la obstinación por razones de seguir luchando para mantenerse vivos hasta el último congelado respiro; entraña dificultades, desesperación, fatiga y un regocijo cuando hay alivio al encontrar soluciones que brindan ese pequeño aliento de motivación a desear que al personaje se le ocurran más cosas que quizá uno ni siquiera sabría si le ocurriesen en dichas condiciones. El color de sus pieles contrastan la vista, adornan cuadros con figuras que apantallan queriendo ver más y más durante horas, su interpretación es tan realista que sólo porque tiene producción (20th Century FOX) sé que no tuvo que someterse a tanto. Aunque me hubiera gustado un fortuito recorrido más extenso del horizonte, del campo, no puedo sacar de mi cabeza la vez que van sobre una superficie que se quiebra y entre el hielo y agua helada inmediatamente relacione la imagen de cuando Rose suelta a Jack, pensando: “Pues si sobreviviste a Titanic, que no puedas salir de esto, ¡órale! no te mueras”.

No es sorpresa la belleza de la galardonada actriz en la fotografía del film, ya que aprovechan de una manera tan llamativa sus tomas donde contemplas los rostros y rasgos de sus intérpretes de frente y de perfil logrando la propuesta de jugar con el acercamiento a sus cuerpos y el distanciamiento para cubrir panoramas de paisajes hermosos de montañas cubiertas de nieve, de pinos enormes escarchados, y un sol penetrante; provocando esa tensión a la vulnerabilidad en la que se encuentran expuestos uno al otro, compartiendo la desdicha y compasión, pintando el ambiente a un romance donde fueron víctimas de la inadecuada situación para una increíble historia de amor; aunque el haberse enamorado supongo que es lo que los guionistas (Chris Weitz, que trabajó en guiones como Antz, La brújula dorada, Cinderella y Star Wars: Rogue One y J. Mills Good quien trabajó en guiones como The Age of Adaline y Everything, Everything) asumieron que muchos esperábamos con tanto deseo alguna escena donde aún con climas hipotérmicos, la calentura hace de las suyas… No fue algo que me pareció del todo, porque lleva la inaudita historia de supervivencia a resumirse en un enamoramiento tras la extrema experiencia.

Para concluir con la dirección de Hany Abu-Assad, a quien no he tenido el placer de ver alguno de sus otros trabajos, puedo afirmar que con éste último me causa mucho interés por conocer más sobre su cine, ya que propone una estética visual sustentada por el carisma, la fuerza y sobretodo voluntad. Logrando conmover a nuestros ojos acompañados de un excelente soundtrack compuesto por Ramin Djawadi, quien compuso la música para Game of Thrones para su séptima temporada, por lo que es un deleite que no pueden perderse.

Crítica realizada por Favián Cávdez