Matterfall | Reseña

Siento una cierta afinidad por los juegos de Housemarque, quizá es por el diseño que emana nostalgia o por la música electrónica fabulosa en cada título, los gráficos bien trabajados o hasta podría decir que el sentido de nada más destruir por destruir, pero lo que sí sé es que aquí en Kopodo nadie toca esos juegos más que yo, y pobre del que lo haga. Mi reseña de Matterfall aquí merengues.

NEÓN POR TODOS LADOS

Vaya sorpresa que me he encontrado en cada nivel más donde me aventuro en Matterfall, creería que es un juego de disparos y plataformas, pero ahora puedo asegurar que Housemarque -los amo guapos- hizo un revoltijo tremendo gracias a las ideas conjuntadas como Metroidvania, Velocity 2x, Resogun, Nex Machina y ya no sé qué tanto más. Sé que me apresuraría al decir que es una continuación “espiritual” de algo, pero en verdad veo muchas semejanzas con otros juegos quizá producto de una lluvia de ideas donde metieron toda la carne al asador.

Housemarque entrega Matterfall como una idea compleja de cómo ellos ven en sus mentes un juego de disparos que debería ser dinámico y muy veloz, pero que por desgracia sufre la desventaja de usar demasiados botones para las mejoras del personaje, en vez de utilizar la fantástica idea que usaran en Resogun, donde las mejoras de armas se daban con cajas de regalo dentro del mismo juego, y que no necesitaban de activaciones especiales. Este factor hace de Matterfall un juego no tan rápido como uno esperaría, quitando ese factor de adrenalina en cada segundo, así como sucede en los dos sucesores de la compañía que aparecieron en PlayStation 4.

El aspecto gráfico de Matterfall es inconfundible con la marca de la casa y además resulta magnífico como ya es costumbre, poniendo miles de polígonos en pantalla resumidos en cubos de destrucción, que sin importar la cantidad no repercutirá en nuestro rendimiento, pero sí en nuestra fascinación por el juego. Gracias a esas físicas bien dominadas por Housemarque, es que Matterfall es igual de bello y espectacular como los demás, y a eso le ayuda la música que no sale del tono del juego.

Al jugar Matterfall me encontré con un logro enorme, y ese precisamente es el de tener la re-jugabilidad ideal por no precisar de sólo una pasada, y aunque los enemigos aparecen en los mismos lados, los poderes dan una posibilidad amplia de ataque para evitar la monotonía y motivarnos a conseguir las calificaciones más altas ya sea en línea o simplemente para vencer nuestro récord. De ahí que también sirva de práctica para los locos por los trofeos, lista que no es complicada pero requiere de cierta paciencia como casi cualquier título en el mercado que se presuma como decente.

Matterfall recurre a recursos muy usados -pero jamás serán trillados- como el jefe de nivel enorme y que por algún motivo no nos come de una buena vez por todas, sin embargo sus ataques son buenos y requieren cierta coordinación para eliminarlos, haciendo todavía mejor el final de cada uno de los niveles. Matterfall simplemente es un juego no tan arriesgado que se fijó mucho en el libro de jugadas básico, y le agregó algunas ideas raras pero que funcionan en conjunto.

VEREDICTO

Por desgracia no hay más que un modo solitario, y lo único en línea son los marcadores para compararnos con el resto del mundo, esta carencia hace de Matterfall un juego muy bueno sin llegar a fantástico sobre todo por quitar el cooperativo local que venía manejando Resogun y Nex Machina, prestación que no debió faltar. Sobre los controles pueden acostumbrarse como lo he hecho yo, sin embargo sí extraña mucho el cambio repentino -y no modificable- por lo que la curva de aprendizaje se hace un poco más larga.

Matterfall no falla gráficamente ni en diversión, en verdad cumple muy bien con los puntos necesarios para señalarlo como indispensable y más si han disfrutado el resto de aventuras de la compañía, es sólo que le faltan modos, el modo cooperativo y siento profundamente que están obligados a actualizar el juego para poder cambiar los controles a nuestro gusto. Eso estaría de pelos.

No hay mucho qué decir, lo hecho por Housemarque no deja de sorprendernos y aunque encontremos muchísimas semejanzas, no han caído en la pesadez ni bajan la vara tan alta que han impuesto. Simplemente han dominado el sector mercantil como dioses y seguirán haciéndolo mientras las ideas no se sequen y mantengan ese buen gusto por los juegos genialmente hechos y pensando en mantener al público y atraer aún más. Yo sigo siendo Housemarque de por vida.