Terror profundo | Crítica

La película perteneciente a la saga de Open Water, comienza con la terrorífica historia sobre la desaparición de un grupo de personas en el océano, cubierta por un medio de comunicación que promete los más sórdidos detalles de la investigación, gracias al descubrimiento de una videocámara acuática por las costas.

La narrativa de Terror Profundo, dirigida por Gerald Rascionato (Happy Fun Time Now) es protagonizada por Jeff (Joel Hogan), Josh (Josh Potthoff) y Megan (Megan Peta Hill), quienes gustan por aventuras cardiacas con tal de hacerse sentir vivos con la extrema experiencia. Jeff y Josh son hermanos y Megan mantiene una relación amorosa con uno de ellos, durante la trama –que por cierto, es muy forzada– los personajes empiezan a mostrar características las cuáles pretenden ser “ellos mismos” quizá para darle al formato el toque amateur que muchos morbosos cinéfilos gozan, aunque no le funciona ya que la dirección de Gerald Rascionato está más descuidada que la propia historia, la cual es tan inverosímil que no atraparía por lo menos a quienes ya hemos visto películas sobre tiburones y náufragos, o propuestas fotográficas como la Bruja de Blair; además de que escena tras escena el drama de Terror Profundo se convierte en una tragedia exagerada, que se presenta como un documental en el que intervienen las tomas dónde familiares opinan al respecto, intercalando las tomas subjetivas y los jóvenes, con el videoblog relatando su próximo viaje a Adelaida, un tour que consiste en bucear metidos en una jaula entre tiburones.

Y precisamente el recuento del vlog es la película, por lo que olvídate de un buen soundtrack o música de fondo como en la de Spielberg, donde mínimo se las ingeniaron aún cuando el robot del tiburón nunca funcionó. Aún así, hay que reconocer que los tiburones de Rascionato están muy bien hechos, al grado que podemos confundirlos con unos reales.

Si bien la adaptación en español no tiene nada que ver con el título original (no confundir con Terror en lo profundo), la película en general no parece transmitir o aportar un propósito de existencia, así como los mismos personajes están inmersos durante casi todo el tiempo en el agua, su desesperación es tan imprescindible que parece un documental falso –que lo es, pero se supone que no deba parecer– creo que a nadie le gustaría estar en esa situación, más en ningún momento se siente compasión ni aprendizaje, todo va decayendo hasta culminar en un amargo proyecto fílmico que hubiera preferido que ahí lo dejaran en el fondo del océano, o incluso que cuando hubieran querido recuperar la tarjeta de memoria, esta no hubiese funcionado.

Terror profundo incluso no se rescata por su versatilidad en las tomas nocturnas, que parecen haber sido hechas en alguna piscina. De hecho recuerdo que la peor escena de todas, fue en la noche porque los personajes recuperan la esperanza al encontrar una balsa –sí, en medio del océano, sí, en la noche– Entonces, considerando que en la realidad de la película eso es posible, imagínate cuál es la mejor escena.

Me gustaría poder comentar sobre cómo me hizo sentir Terror profundo, o qué me hizo pensar, vaya en una perspectiva reflexiva, pero estaría mintiendo, obligándome a decir cosas que no pasaron; por lo que su entretenimiento se cierra sólo a divertirse con la muestra, recomiendo la película para analizar cómo el cine dramático aún sin tanto presupuesto evoluciona y se mantiene con historias tan malas, como cortarle las aletas a los tiburones para distribuirlas en el mercado negro.

Terror profundo sólo me hizo recordar un meme que dice: “Si tienes miedo de proponer lo que piensas, recuerda que alguien hizo posible una película sobre _________”

Crítica realizada por Favián Cávdez