The Legend of Zelda: Breath of the Wild | Reseña

No, no estoy listo para hacer la reseña, me dieron bastante tiempo desde que salió el juego y por problemas aquí y allá, es que tuve muy poco tiempo para jugarlo, apenas unas cincuenta horas después de haber despertado de mi letargo, puedo hablarles de mi breve aventura por Hyrule. He aquí la reseña del primer juego de Switch, y el último de Wii U, consola donde vivimos esta experiencia.

EL SUEÑITO MÁS RICO DE HYRULE

100 años estuvo dormido -y ausente- Link, nuestro héroe, desde la última vez que Ganon venciera a Zelda en el reino de Hyrule. Una vez que hemos despertado sigue una epopeya digna de cualquier juego de The Legend of Zelda, donde la inclinación en la historia es más relacionada a las máquinas y a unir al mundo en un bien común para terminar con la maldad que azota Hyrule. Una leyenda sin duda muy hermosa que bien podría servir como ejemplo a seguir por nosotros mismos, donde sólo la unión hace la fuerza suficiente para erradicar todo lo malo en nuestro mundo. Pues The Legend of Zelda: Breath of the Wild cuenta la anécdota como Nintendo lo ha hecho durante más de tres décadas, uniendo cuentos, relacionando personajes, agregando misiones alternativas con y sin sentido, aventando monstruos sencillos, monstruos feos, monstruos gigantes y monstruos por todos lados, pero más allá de todo esto, The Legend of Zelda: Breath of the Wild es un trabajo fiel a la filosofía de todos los Zelda, y con muchos tintes que nos harán recordar varios juegos, como si fueran ideas bien rescatadas.

El juego no se sale del script original de Nintendo, llevándonos un poco de la mano al principio para entender quiénes somos y en dónde estamos, nuestros instrumentos básicos y también las locaciones obligatorias que serán como nuestro hogar, tal como Kakariko. Pero también -y gracias a- la ayuda de ciertos personajes nos darán más herramientas para movernos en un mapa increíblemente variado, explotado, bien diseñado, bien accesible, grande y especialmente muy bello que suda por todos los poros el perfume de The Legend of Zelda. Es casi imposible de no reconocer el estilo apaciguado pero imponente de las llanuras de Hyrule, que son enormes y carecen de vegetación tumultuosa como en otros juegos, donde los montes y montañas se alzan a lo lejos pero con la facilidad de poder treparlas gracias a esta nueva característica con la que Link cuenta.

Link es ahora un personaje que me gustó mucho más desde su diseño hasta su independencia, ya que en otras ocasiones quizá no era tan bien parecido, ni se notaba tan estético como lo hace en Breath of the Wild, tal vez estamos en una versión mejorada de Skyward Sword, uno de los juegos más hermosos visualmente hablando de la enorme saga. Pero en cuanto a su autonomía, fue fascinante en varios puntos como el hecho de trepar, cocinarse, planear e incluso domar al caballo, que en partes se nota sufrido pero después de un rato todo irá mejorando. Link crea un lazo más personal con el jugador comparándose con otros títulos, pero creo que en definitiva es por su nivel de expresividad más rico, más fluido. Esta aseveración no incluye para nada a Ocarina of Time.

Sí, The Legend of Zelda: Breath of the Wild se desarrolla igual que todos pero con historia diferente. Sí, también Ganon es el malo, Zelda es la guapísima princesa en peligro, hay que ir a Kakariko a cada rato, debemos crear corazones para nuestra vitalidad y por supuesto que también hay muchos rompe cabezas. Pero la manera en que estos se presentan en forma de pruebas, los orbes y la utilidad de estos, la variedad de complicaciones y el uso de los poderes, hacen que nos hallemos más de veinte veces buscando estos templos para mejorar nuestros niveles. De hecho es casi imperativo invertir muchas horas en esta etapa ya que las dificultades en las llanuras van desde muy leves hasta nivel maestro. Ahí reside la variedad de The Legend of Zelda: Breath of the Wild, pues con el mapa abierto será sencillo perderse de la misión actual y acabaremos encendiendo antorchas sólo por el hecho de encenderlas.

TAMBIÉN HAY UN GANON EN LA RESEÑA

No podemos mentir ni alabar a The Legend of Zelda: Breath of the Wild como la octava maravilla del mundo. Tiene errores pero afortunadamente nada que pueda matarnos la experiencia ni arruinarlos, no encontramos animaciones raras ni apariciones mágicas. Todo más bien va con el rendimiento de la consola contra el tamaño enorme del mapa, ciertas partes con demasiados detalles y polígonos que provocan caídas de cuadros, pero esto nos pasó porque usamos un Wii U y no un Switch para jugar este título. O sea podemos asegurar que no sucederá esto en la última consola de Nintendo.

¿Es el mapa lo suficientemente grande para el juego? Nintendo fue muy ambicioso con el mapa, metiendo extensiones territoriales que por momentos se sienten exageradas y sobradas para lo que se intenta alcanzar en cada misión, es quizá el tamaño buscado en los previos Zelda para hacernos disfrutar la experiencia de ir a caballo, en morsa de las arenas o planeando con el parapente. Probablemente sea eso, pero no podría quejarme de la delicia visual cada vez que me dirijo de un lugar a otro, sin embargo hubo más de dos o tres ocasiones en que preferí tele-transportarme de un lugar a otro para evitar la fatiga de Link.

Las misiones principales como las secundarias y las heroicas son completamente del estilo Zelda, no se puede negar por ningún motivo que no fueran diseñadas para ser sumamente similares a entregas previas, lo que por momentos pudo no ser de nuestro total agrado pero omitimos el detalle cuando empezaba la acción, una muy linda y agradable acción pensada en impresionar con tomas espectaculares, cámara lenta y el factor de desgaste que nos hizo patalear varias veces, pues provoca que la arma se vaya mermando hasta ser destruida por el uso.

VEREDICTO

Si incluimos el maravilloso toque de recibir artículos y comida cuando usamos nuestros Amiibos, y volteamos a ver el mapa, las misiones, animaciones, magnífica historia y por supuesto la música, no dudaría en poner un 10 perfecto a The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Este juego lo tiene todo, es completo, más que completo por poner algunas cosas de sobra -que se agradecen-, es divertido, intrigante e inteligente, hecho para encantar a los que hemos jugado por años, y para consentir a los nuevos jugadores de Zelda.

Pero no podemos obviar que después de haber jugado varios títulos de la serie, The Legend of Zelda: Breath of the Wild no sale de la línea original, con misiones ya vistas y con periodos de tiempo que nos será imposible no compararlo con Ocarina of Time, Skyward Sword y por supuesto con Twilight Princess. No estamos ante un juego repetitivo ni mediocre, mucho menos es tedioso, The Legend of Zelda: Breath of the Wild es un juego fabuloso por seguir manteniendo su estándar de jugabilidad, de complicación y por agregar más factores que lo hacen sentir evolucionado a la época.

Si comparáramos cualquiera de los previos con Breath of the Wild, encontraríamos muchas semejanzas pero al igual habría diferencias en el desarrollo del personaje y de la historia, soportando mi argumento de “ser evolucionado”, ya que no se estancó y funciona perfecto como una opción idónea para estrenar un Switch o despedirse con fanfarrias del Wii U.

Por las inmensas posibilidades, The Legend of Zelda: Breath of the Wild es uno de los mejores juegos de Zelda sin importar el formato ni presentación, y gracias a su extensión es que podemos disfrutar 20, 40 o hasta 100 horas más de juego, simplemente porque no nos hemos aburrido de Hyrule.

Nintendo lo vuelve a hacer y de manera monumental, mostrando que con las mismas ideas y siendo fiel a una filosofía, también se pueden generar cosas diferentes y nuevamente exitosas. Estamos ante un juego digno de ser nominado a mejor del año y no nos sorprenderíamos si obtuviera varios premios en la categoría.