Yonder: The Cloud Catcher Chronicles | Reseña

Prideful Sloth podría ser una firma de videojuegos nueva, establecida en Australia y con casi nada de divulgación, pero para ellos esto les ha venido valiendo un kilo de cacahuate especialmente por las credenciales que se cargan, pues haber trabajado en Rocksteady y Activision no es poca cosa, razón de peso para creer siempre en la calidad de este juego. ¿Y ahora qué pensamos de él después de haber pasado varias horas frente al televisor?

UNA HISTORIA CHURRIGUERESCA

Gemea es la isla donde nuestro protagonista desarrolla todo su talento, donde estaremos la mayor parte del tiempo sin parar de un lado a otro y especialmente es el lugar que está dispuesto para recibir toda la ayuda que uno pueda darle. Yonder: The Cloud Catcher Chronicles es un juego en el que la exploración y correr como maratonista es el pan de cada día, pues nuestro objetivo es precisamente el de socorrer a todos los habitantes posibles, con el fin de tenerlos contentos, progresando y por supuesto con la certeza de que el mal que azota a Gemea, ha desaparecido.

Quizá no es precisamente el juego más orgánico de todos, inclusive será demasiado común sentirse abrumado por la cantidad interminable de misiones y conceptos tan raros que nos envuelven de principio a fin, pero siempre haciéndonos las horas muy cortas. Explorar y recoger es lo que más haremos en Yonder, con la intención de encontrar unos insectos raros -me recordaron a Pokémon- que nos ayudarán a liberar zonas azotadas por una bruma morada producto de un desgraciado ente maldito. Pero también está la parte de conseguir toda cantidad de objetos y materias primas para realizar empresas solicitadas por estos gorrones pobladores, las cuales nos darán recompensas relacionadas directamente con la lista de trofeos, diseñada para estar como conejito de baterías: sigue y sigue y sigue.

UN MUNDO FELIZ

Nadie pudo haber descrito una mejor utopía como lo hicieron los de Prideful Sloth, pues Yonder: The Cloud Catcher Chronicles es un mundo vivo sumamente hermoso, del cual me enamoré conforme iba avanzando y no, no necesariamente por sus gráficos -muy guapos sin duda- sino por la dinámica del clima, el paso del tiempo, la iluminación de acuerdo al día y la noche, la flora y fauna tan coherente y bien diseñada para combinar de manera perfecta con los demás recursos, sin olvidar los mapas y su gran tamaño que nos permiten divagar, caminar, subir, bajar y recolectar todo lo posible, o hasta pescar, actividad súper fácil pero muy agradable de realizar.

Yonder: The Cloud Catcher Chronicles me hizo ver poquísimas caídas de cuadros por segundo, un tanto por la decoración sencilla y un tanto por el bajo conteo de polígonos en todos los modelos, sin embargo esta no es razón para demeritar el grandioso trabajo que es una bofetada de frescura en un mundo de juegos de exploración donde siempre hay que pelear y pelear y pelear. De suerte y Yonder no es eso, pues nos obliga a concentrarnos sólo en conseguir todo lo solicitado y sin una gota de pleitos, haciendo una labor formidable en eso de la relajación y la tranquilidad.

Yonder es eso: tranquilidad en un mundo donde nadie nos obliga a apurarnos ni preocuparnos, pueden simplemente echarse en la orilla y a pescar cuanto pececillo gusten, talar algunos árboles, adoptar animalillos del campo y conseguirse unos “sprites” -las criaturas como Pokémon- para ir deshaciendo brumas por doquier.

Otro aspecto muy agradable reside en la creación de nuestro personaje, quien empieza siendo muy sencillo por la reducida cantidad de modificaciones y posibilidades para hacerlo, pero conforme avanza el juego y encontramos cofres, tintes de pelos irán apareciendo, o algunos sombreros, ropajes e incluso lentes para ir cambiando al gusto y no aburrirnos siempre del mismo monito. No es un punto en el cual hayan ahondado mucho pero esperemos y las actualizaciones hagan de las suyas con nuevos objetos de personalización.

NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO

Yonder: The Cloud Catcher Chronicles es bellísimo, no lo pondré en tela de juicio, pero como buen título debut de una desarrolladora, hay dos o tres detalles que me molestaron un poco y no dudo serán resueltos en poco tiempo, y esos son precisamente los espacios dictados para que nuestro protagonista pueda accionar o interactuar con objetos, haciendo obligatorio el acercarnos en cierto ángulo o velocidad a las personas o a las cuchufletas, lo que resulta cansado en ocasiones por la precisión requerida. Esto sí puede molestar al principio y aunque yo me acostumbré, aún la veo como una gran área de oportunidad.

No dejaré tampoco de mencionar que a pesar de manejar una mecánica muy sencilla de movimientos, los saltos son quizá la parte más irritante en Yonder, pues por más que sea algo insignificante para el bien llevar del juego, sí hubo ocasiones en las que desistí y mejor opté por otra misión, con el fin de evitar el enojo y aventar el control a la televisión.

¿YONDER POR “WONDER”? ¿O POR QUÉ?

Yonder: The Cloud Catcher Chronicles es un juegazo digno de aplaudir por tantas y tantas misiones, objetivos, materiales para encontrar, personas para conocer y platicar, posibilidades para explorar y los gráficos tan hermosos y sencillos con los que cuenta. Yonder no se plantea ser el juego del año ni el Skyrim para niños por su carencia de violencia; Yonder se planteó como un juego mágico con música sumamente genial, programación sublime y un sinfín de cosas para hacer y gozar.

Yonder: The Cloud Catcher Chronicles es gozo, esa era la palabra que buscaba, es la pura gozadera y disfrutadera -ninguna de las dos palabras está correcta pero me vale- por su ritmo parsimonioso, paleta de colores muy bella y tonadas espléndidas. Yonder es más de lo que yo esperaba y tiene una característica como pocos: me hizo sonreír en toda la travesía.