11-11: Memories Retold | Reseña

Si de pura causalidad sale un juego Point & Click, aquí en Kopodo no hay manera de que sea otro más que su servidor el que haga la reseña, esto por mi amplio conocimiento en el tema y después de haberme jugado cantidades industriales de los mismos, por lo que 11-11: Memories Retold no iba a ser caso diferente. Aquí mi análisis del juego en Xbox One y después de haberme dormido varias veces durante la travesía.

PRIMERA GUERRA MUNDIAL

11-11: Memories Retold se desarrolla en la Primer Guerra Mundial, contado desde dos perspectivas, la de un fotógrafo canadiense que se une al frente de Europa del Oeste para capturar los momentos más icónicos de la batalla, y la segunda es la de un técnico y todólogo alemán en el otro frente. Ambos tienen diferentes historias, pues uno es un joven entusiasmado por retratar la batalla, y el otro quiere encontrar a su hijo quien se encuentra en una compañía de la cual se presume han muerto todos.

11-11: Memories Retold está concentrado en ir platicando la travesía de cada uno de los dos a sus propios tiempos, dándonos muchísima posibilidad de exploración tanto como el escenario lo permita, con esto abriendo la puerta a ir recolectando los logros que si bien no son tan complicados, pero sí requieren un poco de atención a los detalles. Este relato podría ser atractivo de inicio, porque por supuesto está relacionado cien por ciento al amor y a la aventura, dependiendo del personaje que estén manejando, sin embargo pasan las horas y los constantes cambios sin ton ni son dejan al jugador -y al que reseña en este caso- terriblemente aburrido y por algunos momentos hasta fastidiado, desazón provocada en gran parte por el arte con el que se pretendió sorprender al gamer, y que no logra más que confundir y no gustar como seguramente lo intentaron.

El acabado de todo el juego es como en tipo óleo pero aparte dinámico, lo que permite cambios constantes en la fotografía, omitiendo detalles en los rostros, en colores específicos y en los objetos que se manejan o están como decoración, haciendo que sin duda el juego haya sido mucho más fácil de modelar para los desarrolladores, pero que no permite una apreciación como uno hubiera querido, pues los acabados de las pinceladas no son en lo absoluto algo que enamore o refleje la belleza de la pintura, tal es el caso por ejemplo de Beyond Eyes que es una muestra casi perfecta de las acuarelas manejadas de manera sublime en pantalla, o The Unfinished Swan haciendo uso maravilloso del efecto de salpicado con pintura.

Cuando uno se acostumbra a no entender los pasadizos, o los objetos con los que se trabaja, los escenarios donde uno se para y a no reconocer a las personas sino por su identificador para hablar con él, entonces empieza a verdaderamente tratar de entender la historia que ya para ese momento ha pasado a segundo término y por la cual uno pierde interés para entonces quizá concentrarse en los logros que no son nada complicados pero requieren cierta atención tanto a lo que los demás personajes piden y el lugar donde se encuentra uno.

11-11: Memories Retold está dividido en tres capítulos y es un verdadero reto acabarlo y no por la dificultad, sino por lo peliagudo de quedarse despierto con los diálogos tan bien interpretados por Elijah Wood (o sea Frodo en The Lord of The Rings) y Sebastian Koch (The Danish Girl), parte atractiva del juego pero que no son suficientes para que el juego se mantenga en la cima, incluso a pesar del gran trabajo en el sonido y sobre todo en la música, la cual es un deleite en producción y logro artístico, sin embargo tampoco es suficiente para que el juego no se vaya a la deriva.

VEREDICTO

11-11: Memories Retold es un juego flojo, que intenta disfrazar con pinceladas, música, voces y sonido, una historia que no atrapa ni incluso terminando el primer capítulo y que además sufre de hoyos en la narrativa, transporta entre escenarios sin un motivo bien fundamentado, y obliga a que soportemos de alguna manera el relato si es que desean sacarle todos lo logros y así, el poco jugo de su dinero, que se convierte en gasto y no en inversión.