El primer hombre en la Luna | Crítica

“Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad” Neil A. Armstrong.

La más reciente cinta de Damien Chazelle recoge uno de los momentos más emblemáticos de la historia de Estados Unidos y el mundo: la llegada a la Luna.

Originalmente titulada “First Man” esta cinta biográfica de origen estadounidense, recuenta la vida de Neil A. Armstrong en el marco de los acontecimientos que eventualmente le llevarían a convertirse en el primer hombre en pisar la luna, en julio de 1969. Fue dirigida por Damien Chazelle, con guión de Nicole Perlman y Josh Singer, basado en el libro “First Man: The Life of Neil A. Armstrong” de James R. Hansen. La película es protagonizada por Ryan Gosling, Claire Foy, Corey Stoll, Kyle Chandler y Jason Clarke.

Al saber que Chazelle iba a tomar las riendas del proyecto que traería a la pantalla la vida del emblemático astronauta, tuve mucha curiosidad de ver su estilo en una cinta dramática que no girara alrededor de la música. El resultado fue en realidad sorprendente pues hace algunas decisiones interesantes en materia de la historia y los efectos de cámara.

El filme abarca los años de 1961 a 1969, la preparación de las misiones del Programa Gemini y el previo al Apolo 11 que finalmente alunizó. La forma en que se retrata la historia es bastante realista e incluso un tanto cruda. No repara en denunciar las vidas perdidas en la “prueba y error” que supuso la travesía lunar. Y como resultado tenemos a Neil Armstrong (brillantemente interpretado por Ryan Gosling) que no solo tiene que cargar con sus inseguridades y los fantasmas de su pasado si no también con el destino de sus compañeros que murieron en pro de la causa.

Llama la atención que la cinta ignora casi por completo el entorno social y político en que ocurre la llegada a la Luna. Fuera de algunas menciones de la que fue llamada “la carrera por el espacio” el sentimiento altamente nacionalista que rodeaba a este acontecimiento fue ignorado, incluso se omite uno de los momentos más esperados como lo es la colocación de la bandera estadounidense. Posiblemente esto se deba a que el objetivo era traer algo nuevo a la mesa al centrarse en el trasfondo de los astronautas, en especial de Armstrong.

La película ilustra la entrada al espacio en todo su esplendor pero también da fe que se está adentrando en terreno completamente ajeno al hombre y por ende, el contacto no tiene que ser necesariamente amable. Las escenas que retratan las travesías de los astronautas están presentadas en una interesante mezcla de suspenso y asombro que logra mantener enganchado al espectador. La atención a los detalles es evidente en cada uno de los cuadros y el acompañamiento musical, así como el manejo de los silencios por parte de Justin Hurwitz fueron el complemento perfecto para construir la tensión. Sentimiento que prevalece durante toda la narrativa, pues desde el primer momento el espectador entra en ella, en medio de la acción resultado de no tener títulos introductorios.

En este apartado cabe mencionar los recursos de cámara con las que Chazelle básicamente obliga al público a ser partícipe de la historia por medio del movimiento de la misma: En ocasiones veremos los acontecimientos en primera persona, desde los ojos de Neil o de su esposa, Janet (Claire Foy), mientras que en otras instancias pareciera que el espectador es una persona no nombrada que se mueve al lado de los personajes. Con esto, el público se hace adentra en el caos, la preocupación y la pérdida.

Personalmente encontré esta película hipnotizante en el mejor sentido de la palabra, creo que es una cinta muy completa, que evoca muchísimas emociones y es un verdadero deleite para los sentidos. Mi calificación solo baja medio punto por pequeños anacronismos a lo largo de la narración y el ligero sobre uso del movimiento de cámara que puede ser un problema para aquellos que se marean con facilidad. No pierdan la oportunidad de ver “El primer hombre en la Luna”, disponible en los cines de nuestro país a partir de este 9 de noviembre.