La Chica en la Telaraña | Crítica

Basada en los libros de la saga Millenium, de Stieg Larsson, recordemos que Sony Pictures nos trajo a la pantalla grande la primera entrega en 2011 cuando se integró la cinta adaptación del primer libro: La Chica del Dragón Tatuado bajo la dirección de David Fincher, protagonizada por Rooney Mara con un éxito por mucho deplorable. Ahora, siete años después, Sony continúa su saga con La Chica en la Telaraña dirigida por Fede Álvarez y protagonizada por Claire Foy en el papel de Lisbeth Salander.

Con Fincher y Mara dejando abandonado el proyecto Millennium, el director Fede Álvarez entra al quite para buscar revivir la franquicia. Siendo así que, La Chica en la Telaraña, “reinicia” con un nuevo reparto y basada en el primer libro de David Lagercrantz (quien asumió los derechos de Larsson tras su muerte), pero con debilidad de que toda persona que haya visto La Chica del Dragón Tatuado tendrá dudas sobre esta nueva película.

Para quienes no han tenido oportunidad de ver La Chica del Dragón Tatuado, aquí les platicamos un poco de la vida de Lisbeth Salander. De niña, junto con su hermana, sufrieron abuso por parte de su padre, por lo que Lisbeth decide escapar, volviéndose invisible ante todo gobierno gracias a sus increíbles conocimientos en computación y hacking. Con sus habilidades de deducción, hacking y manejo de motocicleta, Lisbeth Salander dedica su tiempo a castigar a violadores y toda personaje que abuse de las mujeres o los más indefensos.

En esta nueva cinta tenemos a Claire Foy tomando el papel protagónico de Lisbeth, interpretando una versión más reciente, pero no más humana de ella misma. En otro de los papeles ya conocidos tenemos a Sverrir Gudnason como Mikael Blomkvist, aunque esta vez el personaje es un completo inútil para la trama, solo se encuentra en ella para documentar las aventuras de Salander. La trama en sí se centra en un programa llamado Firefall, el cual le otorga a quien lo accede, control total del armamento nuclear de todas las naciones del mundo (algo mucho más drástico y profundo que en la primera cinta). Para esto, el creador del software (Stephen Merchant) contrata los servicios de Lisbeth para robar el programa de las manos del gobierno de los Estados Unidos.

Todo en La Chica en la Telaraña es más grande e intenso que en su predecesora, pero también todo se ve muy hollywoodense, muy alejando de lo que podría ser la realidad o de cómo lo plasman en los libros, quitando de nuestras mentes cualquier incentivo mental de que esto en verdad podría suceder en la vida real. Pero esto no es malo al 100%, ya que Álvarez construyó un ritmo fluido y atractivo de acción por todos lados, sin embargo la acción siempre se encuentra lejos de los protagonistas, quitándole esa integración de que los mismos actores son los que causan estas consecuencias.

La dirección de cámaras en La Chica en la Telaraña es impresionante, siendo de gran ayuda para sentirte en el momento de la acción, justo en el momento indicado. También hay que añadir que las localidades de Estocolmo ayudan en gran parte a tener estas tomas invernales y fatalistas que toda cinta a la James Bond merecen. Algo que agrada mucho es que Lisbeth utiliza gadgets convencionales, de los más nuevos y costosos, pero al final al alcance de la mano de cualquier consumidor. Laptops de seguridad, cámaras de seguridad, cámaras deportivas y armas “convencionales” hacer que, dentro de la acción hollywoodense de la película, todo el background tecnológico se sienta orgánico y creíble.

Lo que les quita popularidad o impacto a estas películas, no es su trama o su acción, sino que van dirigidas a un público más maduro, privando a un público un poco más joven a interesarse en la franquicia. Pero hay que destacar enormemente que La Chica en la Telaraña no funcionaría como obra maestra si su clasificación fuera una B o incluso B+15, porque estos pequeños pero fuertes detalles son lo que hace que nos sintamos parte de la historia.

Pese a este pequeño inconveniente, todo en La Chica en la Telaraña funciona magníficamente, un poco de acción por aquí, otro poco por allá, eliminamos el romanticismo para llenarlo de persecuciones y más acción, y añadimos un toque nostálgico/familiar ¡y listo! Fede Álvarez logra rescatar una franquicia, ahora solo falta esperar a que esto sea suficiente para volver a ganar la confianza de la audiencia.