La fiesta de la vida | Crítica

La fiesta de la vida es una película francesa estrenada el año pasado, dirigida por Olivier Nakache & Éric Toledano quienes también rodaron en co-dirección y guión, Intouchables (2011). Manteniendo el género de comedia dramática muy bien refinado debido a cómo se presentan sus personajes en un contexto actual con apuros y frustraciones humanas, además de que su elegancia fotográfica en colores pasteles en los interiores y grandes jardines adornados de libre naturaleza hacen al ojo una satisfacción visual para asimilar su sencilla historia.

Max (Jean Pierre Bacri) es un hombre que ya debería jubilarse, pero de haber operado una compañía que le ha dedicado gran trayectoria en la organización de eventos sociales de talla, de categoría, de personas bien como por ahí dicen, y le apasiona tanto por sentirse útil y necesario, no obstante, ya le ha empezado a hartar. Es el capataz, el director, quien da la cara, quien negocia. Se presenta hostil, gruñón con un sufrimiento tan humano que no es más quien durante la historia aprende a valorar y disfrutar cada detalle transcurrido a pesar del estrés de siempre mostrarse estable e influyente ante todos sus empleados\as, ser el ejemplo, dar el apoyo moral, de resistencia para lograr los objetivos: “Hazle como puedas” es una de sus líneas más mencionadas después de aconsejar que siempre se adaptaran a las circunstancias para sobrellevar y resolver los problemas.

La narrativa se contextualiza en la boda del presente que están gestionando, Pierre y Helen se van a casar con una temática chateau del siglo XVII y desde arreglos florales, el banquete y los uniformes hasta el número sorpresa para la novia han de coordinar.

Presenta una crítica social bien fundamentada a través de sus diálogos respecto a dicha ceremonia: Cada personaje dentro de su realidad refleja estereotipos de conducta humana, clichés y aspectos culturales en las relaciones interpersonales contemporáneas. Masculinidad redefinida en sensibilidad y modestia, femineidad prepotente con agallas para no callar nada y cuestionar todo. Brechas generacionales topando el contacto con la tecnología y las dinámicas de encuentros casuales por internet… y demás.

Es muy cómica, suceden cosas inesperadas que al poco de llegar a su desenlace triunfal se vuelve predecible por la melosidad y cursilería humana que busca hacer una especie de catarsis, trastocando nichos emocionales que dentro de la cotidianeidad olvidamos que existen, prescindimos del apoyo moral por tanto yoísmo desconcentrando de lo que verdaderamente involucra; lo fuerza de voluntad que hay que sacar para no colapsar en enojo cuando algún idiota cometa un error y usar esa misma energía para resolverlo en vez de desgastarse mentalmente en peleas sin rumbo que sólo desperdician tiempo y esfuerzo físico; predicar la sana retroalimentación y evitar cortisol dañino para el cerebro.

La fiesta de la vida es una película tradicional en técnica, no hay cuadros atrevidos ni fotografías exuberantes, procura una tonalidad cálida y un ritmo coherente de las cosas. Me gustó mucho cómo presentan a cada personaje con una pequeña narrativa que vas descubriendo sus ideales, miedos y pasiones durante toda la película, así mientras en conjunto pertenecen a la narración principal que es ser parte de un equipo para la organización de bodas; tenemos historias desde la mano derecha del capataz, meseros, el músico, la novia, el novio, la madre del novio, el fotógrafo y su becario, y el inolvidable montacarguista que tenía la orden de ir a buscar al jefe con cualquier excusa cuando lo viera con el novio más de 5 minutos durante la recepción.

La trama consiste dar lo mejor de sí para hacer de la estadía la mejor de las fiestas, usando su talento e ingenio tras seguir un plan definido que al cruce del tiempo las cosas al final, no son exactamente lo que esperaban, que incluso pueden ser mejor hayan preparado o improvisado, a pesar de cualquier mal rato por la desilusión, el goce a la emoción pura sin pretensiones, a compartir desde el espíritu una mínima razón para disfrutar la vida.

En conclusión, el film es fresco y entretenido, no tiene momentos aleatorios ni altibajos, tiene una gradualidad definida de los sucesos que hacen parecer que a cualquiera le hubiera pasado y más, estando en una boda. Tiene mi recomendación