Mamma Mía! Vamos Otra Vez | Crítica

Esta imperdible película ha sido esperada por largo tiempo y vino a resplandecer nuestros corazones con esa carga nostálgica (que desde su primera de entrega del 2008 mostró), con una mezcla fotográfica musical y una narrativa cómica pero llena de emociones encontradas, que encajan perfectamente con las canciones de ABBA, una banda sueca del pop entre 1972-1982.

Mamma Mía! Vamos Otra Vez ahora tiene otra dirección, producción y guión que es poco conocido a comparación del anterior equipo de trabajo, no es el mismo que hace diez años para la película Mamma Mia!. Sólo los intérpretes ya conocidos, sin embargo, basándose en la historia del exitoso musical de Catherine Johnson (1975), que hasta la fecha sigue teniendo producciones internacionales, tanto que hasta tuvo su versión en México en el 2009, con elenco original mexiquense.

La propuesta ocurre en paralelo de dos narrativas, una en el pasado, donde observamos a Donna de joven, para presentar las historias sobre cómo es que fue el involucramiento amoroso para terminar en aquel dilema en el que Sophie “tiene” tres papás, y la segunda en el presente, en cómo Sophie, casada, haciéndose cargo de los sueños de su madre en hacer un hotel, en aquella casa en medio de la isla en Grecia. Tras cumplir apenas el aniversario luctuoso de su madre, la presión por la perfección al cumplir con una apertura del Hotel, son frustraciones que encontraremos en dicho personaje, además de que su comprometido está en Nueva York con la posibilidad de desarrollo laboral y crecimiento para su familia; un conflicto para construir el futuro.

No voy adentrarme tanto en lo que sucede porque tengo opiniones suspendidas donde ambas cuestiones me ponen feliz, y a la vez con rabia. Analizando amargamente la película, pues aunque la vida no sea fácil – y parece ser que generar dinero es la solución para salir del hoyo – el enfoque que presentan para encontrar felicidad, aunque suene cursi, es el amor: No ese de tocamientos y orgasmos, sino el que procura, consuela y está ahí sacrificando, para cuando hay que hacer o no hacer, es decir simplemente estar allí. El despilfarro no se compara con vivir las desgracias cerca de las personas que amas. He incluso el sentimiento de soledad aún alrededor de muchas personas, el abrazo, apapacho, cariñito… que da aliento.

Es una adoración como se intercalan las escenas del pasado con el presente, comprender mejor el contexto de las decisiones de una mujer valiente, aguerrida y bizarra; toda una aventurera que en su tiempo y todavía en los nuestros, sigue siendo audaz, y peligrosa por su “atractivo físico”, no obstante, lo que se puede notar bastante es la inteligencia, y astucia con la que Donna sabe simpatizar, sea la esencia espiritual o su perspectiva de entender las cosas, lo cual hechizaba a quienes la conocían, un encantamiento que causaba más que deseo carnal.

Sí lloré, muchas veces. De emoción, de ver al elenco bailar con grandes intérpretes dancísticos, piruetas, pasos enérgicos y mucha actitud sobre todo lo que sucede mientras las canciones suceden, me hace pensar en que si así fuéramos realmente… si en la realidad viviéramos así, quizá el sentimiento de soledad, desprecio o poca importancia pudiera desaparecer o más bien sentirse menos cada vez que disfrutas sacando lo mejor de ti, lo que haya, ante la adversidad que siempre, siempre, siempre tendrá motivos para hacernos caer; sea cuestión de perspectiva o como le llames, tiene que ver con la actitud y estado de ánimo.

Mis cinco canciones favoritas fueron en las escenas donde se interpreta “I Have a Dream” y “Andante, Andante” interpretada por la Donna joven (Lily James) , “Fernando” por Ruby y Fernando Cienfuegos (Cher, Andy García), “One of us” por Sophie y Sky (Amanda Seyfried, Dominic Cooper) y The day before you came. (Meryl Streep).

La cinta inyecta el valor de la familia que independientemente si es biológica o elegida, inconscientemente ahí está, diversa hecha con hermandad. El sentido de la maternidad-paternidad y el derecho a que nos bendijeron, por no decir tatuaron, la libertad en nuestras almas. ¿Hacia dónde vamos? A cumplir nuestros propios sueños, tras agradecer sin olvidar de dónde venimos y para qué nos vamos.

Y aunque me gustaría que Cher y Meryl Streep salieran más a cuadro, la narrativa ya no se centra en esa relación, más bien, comprendo sobre el aspecto de avanzar, cue$te lo que cue$te… por eso, cuando las veas, créeme que tienen las mejores líneas aunque sean frasecitas que puedan pasar desapercibidas, igual no demerito a ningún personaje, cada uno sale con sus ocurrencias y detalles que dan vida a la historia.

Como dato adicional, el diseño de vestuario a cargo de Michele Clapton es bellísimo, atrevido y aterrizado al contexto, los protagonistas lucieron fenomenal.

Quiero concluir esta recomendación con tres palabras:
Nostalgia, esperanza y valentía.