Shaq-Fu: A Legend Reborn | Reseña

Ni Michael Jordan, Su Majestad, tiene un videojuego donde salga haciéndola de héroe ni dominando las artes marciales pero, Shaq sí. Shaquille O’Neal sí lo tiene, es más tiene dos, y es precisamente Shaq-Fu: A Legend Reborn la segunda parte donde reinventan todo nada más porque al gigantesco ex-basquetbolista se le pegó la gana hacer. Aquí la reseña a este juego que probamos en PlayStation 4 y donde les diremos si es un tapón terrible, o una atascada fenomenal.

UNA BALADA RAPERA

Dejemos algo bien en claro, algo que incluso se notaba a leguas desde que se anunció Shaq-Fu: el Shaq quería regocijarse y divertirse con un juego donde él fuera el protagonista, no quería agradar ni caer bien. Él fue y les dijo a los de Delphine Software, Tiertex Design Studios y Unexpected Development que hicieran algo donde él se divirtiera por horas viéndose como un héroe todopoderoso y titánico al cual nada ni nadie le haría cosquillas. Ya entendiendo esta parte podemos continuar con el resto de la reseña, una reseña que no pretende terminar bien ni con calificaciones que dejen contento al público, especialmente hablando de un juego que no tiene caso de ser. Pero si todos los juegos debieran tener una razón para existir, entonces no habría ni uno solo en el mercado.

Shaq-Fu: A Legend Reborn es un juego de peleas en un espacio 2.5D donde sí se tiene la posibilidad de moverse un poco por el piso, algo como Double Dragon y sin hacer uso de las plataformas, en el cual el único propósito es el de usar a Shaq-Fu para reventar a patadas y golpes a todos los extrañísimos villanos que además carecen de sentido alguno y hacen parodia a los escenarios donde nuestro héroe se desarrolla. Shaq-Fu debe de abrirse paso entre oleadas presentadas al mero estilo de la vieja escuela, donde los escenarios se traban para hacernos pelear y no avanzar hasta que cada malhechor haya sido vencido, y todo esto con golpes exagerados, poderes fuera de todo sentido y una facilidad al gamer para que no se aburra y más bien sienta que el reto es suficiente para seguir jugando. Shaq-Fu: A Legend Reborn es una barbaridad de juego de principio a fin porque nada, y recalco, NADA tiene sentido de ser, pero es precisamente esa carencia la que le da tanta fuerza a un título que jamás compraría, pero que me arrepentiría tanto de no hacerlo.

Los escenarios son completamente lineales y solo hay que avanzar y avanzar hasta ver la luz que nos lleve a otro escenario, con otro tipo de rivales de varias características las cuales nos pondrán “a prueba” en nuestro trayecto. Al finalizar y como buen juego pensado en rendirle tributo a la vieja escuela, hay un jefe de nivel que requiere golpearlo de cierta manera mecanizada y así vencerlo. Los jefes son sumamente fáciles y hasta torpes, pero las cinemáticas de entrada y de salida hacen que valga la pena enfrentarlos, porque son tan absurdas que valdrá cada maldito segundo que pasemos contra ellos. Endemoniado Shaq-Fu: A Legend Reborn que lo odio y lo quiero tanto.

Shaq-Fu: A Legend Reborn no cuenta una historia con buen fondo, en realidad ni siquiera me detuve a explorar los verdaderos motivos por los que el principal, el muchacho chicho, debe ganarles a todos. Pero en verdad eso no importa, porque una vez nuestro sensei nos avienta al ruedo y nos va presentando armaduras tan brutales y descabelladas, no desearemos dejar el control porque siempre habrá un rival “más duro” al cual reventar, y con “más duro” me refiero a que su postura y su ataque denota rudeza pero es carente de coherencia y reto, por lo que acabar con él será pan comido pero de ese que nos gusta seguir comiendo.

¿Qué le sobra a Shaq-Fu: A Legend Reborn? Pues todo le sobra, rivales ridículos, diálogos insensatos, animaciones exageradas y cinemáticas dramáticas pero disparatadas, pero saben también qué le sobra? Diversión y horas de pasarla bien. Aquí viene el secreto de Shaq-Fu: el diseño de niveles es variado y está íntimamente relacionado con los trofeos, lo que provoca seguir golpeando en un escenario realmente chico, para conseguir trofeos vagamente complicados. Las recompensas son rápidas de obtener y el proceso para lograrlas es sencillo. No pasará mucho tiempo antes de que estén contra el jefe, los hagan añicos y sigan al siguiente nivel, con nuevas posibilidades de explorar las patadas del Shaq y ver en qué ridiculez caerá a continuación. Y eso es suculento.

VEREDICTO

Se invirtió un buen tiempo y un equipo muy bueno en diseñar cinemáticas, personajes, música, escenarios y enemigos, no escatimaron en eso, y gracias a su arduo trabajo que se nota, es que la diversión está garantizada incluso sin voltear a ver claros glitches en la programación y en las zonas sensibles de los objetos destructibles, así como de los personajes en general. Sí hay errores de código, por supuesto, pero se olvidan fácilmente gracias al dinamismo para controlar a Shaq-Fu y repartir patadas.

No hablo de que Shaq-Fu: A Legend Reborn sea el juego del año, ni del mes ni de la semana, es simplemente una entrega bien lograda y con la que el ahínco de su creación es notable desde el menú principal, pues al parecer los desarrolladores quisieron entregar un buen material por la módica cantidad de 19.99 dólares, que si bien podría parecer elevado su precio, está a la altura de lo que se recibe por ese pago: diversión absurda y sin sentido a montones.