Si solo pudiera imaginar | Crítica

¿Cuántas veces hemos escuchado que los sueños nunca se cumplen? ¿Que solo son algo inalcanzables o imposibles de lograr? Si solo pudiera imaginar, nos dejara una buena lección tanto para los padres como para los hijos, sobre todo lo que deseemos alcanzar, no es imposible, pero si necesitaremos todo el apoyo de nuestros seres queridos y amigos, sin olvidar el trabajo duro y la constancia.

Si solo pudiera imaginar (I can only imagine) está basada en hechos reales y nos habla de Bart Millard (J. Michael Finley), un niño que vive en una casa donde su padre, interpretado por Dennis Quaid, suele maltratarlo junto a su madre, sólo porque dejó de jugar Fútbol americano. Bart, soporta esto por muchos años, hasta que su madre decide irse, dejándolo a cargo de su padre.

La vida es dura para con él, pero llega el momento en el que conoce su verdadero don, pues descubre que no es bueno en el fútbol americano como su padre, sino que lo suyo es el canto, así que comienza participando en pequeñas obras de su escuela y todos notan que de verdad esa es su habilidad.

En la cinta vemos que la vida de Bart no es fácil, pero a pesar de sus contratiempos y malos momentos su esperanza por desear lograr algo y la fé que tiene por conseguirlo no lo detienen, y lo mantienen por decir, en pie de lucha, hasta lograr alcanzar aquello que solo podía imaginar.

Si solo pudiera imaginar, dirigida por Jon y Andrew Erwin, es una historia conmovedora de superación e inspiración para alcanzar metas; el largometraje en general cumple con varios momentos de drama, escenas que brindan de fuerza a la presentación de sus personajes y los hace más creíbles para los espectadores. Las actuaciones son buenas y cumple como una película esperanzadora, que nos dice que los triunfos se ganan con el esfuerzo, y el apoyo de quienes nos rodean, pero también habla del amor, del perdón y de la liberación de una vida con sufrimientos.

Crítica realizada por Isaac Darío González