Sueño en otro idioma | Crítica

Es una película que trata sobre un lingüista llamado Martín que va a la intrépida selva veracruzana a realizar un proyecto de investigación del Ziklil, una milenaria lengua que está apunto de extinguirse, no obstante, se encuentra con sorpresivas experiencias por encima del obstáculo principal: Evaristo e Isauro, no se hablan entre sí, y toma por reto, hacer resolver sus indiferencias para que conversen y así obtener un registro.

Escrita por Carlos Contreras, Sueño en otro idioma ofrece un guión dinámico con momentos cómicos, dramáticos y sobretodo hay un misticismo adornando esa ficción del Ziklil (que por cierto escuché en la radio donde mencionaron a Ernesto Contreras, director de la película, diciendo que con el equipo y la producción tuvieron que crear una lengua específica para éste proyecto, ganador del Premio del Público en la categoría World Dramatic Competition de la 17ª edición del Festival de Cine de Sundance). La película de cartelera nacional, presenta una narrativa inspirada en la noticia publicada en el 2011 sobre los últimos dos hablantes del Ayapaneco, que es una lengua étnica originaria de Tabasco, México, sólo que entre ellos no se dirigen la palabra debido a diferencias y disgustos que aún no se han podido concretar (como les mencioné antes) sin embargo, Sueño en otro idioma viene a contarnos cómo es que el perdón, la autoaceptación, el diálogo y la consideración de respeto sana heridas que han tratado de cicatrizar por ya los 50 años de crisis-conflicto.

Sueño en otro idioma ha sido reconocida en diversos festivales como en Huelva (Guión), en Guadalajara (Actuación Masculina y Premio Guerrero de la Prensa a Mejor Película); el Melbourne Queer Film (Premio del público), y Oslo/Fusion International Film Festival (Película); la cinta de Contreras, quien dirige la Academia Mexicana de Ciencias Cinematográficas desde noviembre pasado, se estrena hoy 20 de abril con 150 copias.

Visualmente la cinta es muy bonita por la frondosidad de sus verdes y húmedos cielos, las pieles de sus intérpretes color arena juegan en su punto, sobresalen al darle su enfoque a cuadro cuando recorren la selva, a veces me pareció ver algunas partes de imagen manipuladas digitalmente para hacer que de la naturaleza fascine mostrarle al ojo que puedes sumergirte en la fotografía, también cuando están en la playa, el audiovisual se torna muy reconfortante, lo único que no me gustó fue la música cuando el drama salía, más que nada los instrumentos utilizados porque el sonido es incongruente al contexto, esperaba algo más folclórico.

Algún detalle que puedo advertir es cómo el transcurso de la narración amerita que puedas predecir la sucesión y hasta el desenlace, no le quita lo entretenida, porque precisamente darte cuenta con esa aproximación hace del juego discursivo y la construcción de sus personajes tan sólidos que te enganchas y conoces a profundidad su comportamiento, igual presentan arquetipos los cuáles ya estamos acostumbrados a ver en la pantalla que permite casi inmediatamente asociar.

En general, en ésta etapa de nuestras realidades, a este alcance y disposición de interconectividad, su historia le hace justicia a la visibilización a la diversidad cultural, aún y cuando nuestra ascendencia impuso moldes que son raíces por la colonización, jamás hay que dejar de lado, ni menospreciar nuestro mestizaje, aunque no lo vivimos, hasta aquí nos han traído reivindicando preceptos morales y redefiniendo códigos de convivencia para concebir a nosotros una exquisita variedad de muchos Méxicos en un mismo pedazo de tierra.

Para concluir, quedo en recomendarles dicha propuesta por su debido activismo a la inclusión, por su labor en reflexionar con el prójimo y sobre el prójimo, por dejar de lado el conflicto de identidad y alzar la voz por quienes guardan secretos; hay una constante paranoia de persecución que no nos deja percibir, en cambio, hace desconfiar e incluso temer, sólo porque desconocemos, porque no sabemos ni tenemos por qué; el odio y miedo irracional sólo por aspecto y prejuicio denota la incapacidad por relacionarse, mostrando la poca seguridad de saber quién eres.