Yo soy Simón | Crítica

Una película de temática LGBTTTIQAP (que es como la heteronorma contemporánea le conoce, sin embargo, a este punto de la historia: Año 2018 de la humanidad, la diversidad sexual se libera tras las represiones de convicciones religiosas) dónde es la vil historia del chico blanco acomodado en una familia de profesionistas modernos, hermano mayor de una niña muy, muy, muy madura; estudiante de universidad (quién sabe de qué carrera) con un grupo de amigos de diferentes formas y colores, aunque no tan mezclados, las pieles, los rostros, los cuerpos tienen interesantes formas para lo que usualmente el sueño americano vende en las ilusiones audiovisuales.

Simón, es gay. Y toda la narrativa se centra en eso, en que nadie sabe (es de clóset) y pues ha pasado desapercibido porque “no se le nota” debido a que no se comporta, ni tiene gustos, ni se viste o se expresa como un gay y alguien en una red social chafa donde los alumnos la usan de chismógrafo anónimo ¡revela que también lo es! Por lo que a partir de ahí se desencadenan una serie de frustraciones en Simón Spier por buscar contactarle, escribirse y tener un apareamiento digital sin nudes, porque sólo en esa realidad lo importante es no darle importancia, sólo así es, como un cyberamigo que te ayuda a rebotar ideas para una autoaceptación y decirle a sus seres queridos\as.

¡Santo cielo alguien como yo!

La historia satírica está matizada con mucha comedia para normalizar la existencia de la homosexualidad, sólo hombres que gustan de otros hombres pero que no son expresivos o extrovertidos y ni se desenvuelven como maricones pero tampoco quieren esconder a quién se cogen, digo, aman.

Esto está llegando demasiado lejos, es como si las teorías confabulatorias de que las películas manifiestan mensajes subliminales fueran reales. No es como si busquen voltear a las personas con un rayo homosexualizador, pero más bien como minimizar la importancia que le damos al tema, sobretodo volver absurdo el acto “de salir del clóset” tanto como declararsele a alguien en público.

¿Qué necesidad? No es de sorpresa que una dirección de Greg Berlanti, quien ha hecho películas como Flash 2014, Linterna Verde 2011, Furia de Titanes 2012, y próximamente Titanes para éste año, haya sido tan bruta como para tratar sin sensibilización la novela de Becky Albertalli “Simon vs The Homo Sapiens Agenda” en la que se basó.

No la he leído, no tengo el susto, no obstante es muy aleatoria, la película tiene escenas donde Simón idealiza bastante sus deseos que diagnostican un entretenimiento seguro, sólo que a veces su actitud es bastante chocante e imperativa, a expensas de que buscan separar (entre maricones) los afeminados de los masculinos (?). Como si eso hiciera mejor en qué o cómo, no me quedó claro.

Todo el tiempo sentí como si estuviera viendo un capítulo alterno de 13 Reasons why, ya que Leah, interpretada por Katherine Langford es la mejor amiga de Simón Spier quien se ve envuelta en un apego emocional hacia él, y me confundía mucho cuando aparecía a cuadro con sus otros amigos mientras decían cosas irrelevantes.

De mis personajes favoritos es la profesora de Teatro, quien es una mujer que da sus puntos de vista de una manera tan extra pero con tanta sapiencia y asertividad que cualquiera amaría decir sus líneas en algún otro contexto, esa misma profesora, es quien también se involucra para defender a un alumno en un acto de acoso sexual donde otros dos alumnos se presentan como los agresores en toda la película en distintas escenas y en ésta simulan “darse el uno al otro” encima de la mesa del comedor principal durante el almuerzo. Todo para molestar a la única persona “fuera del clóset” la más obvia de las obvias, la que tuvo que aprender a morder cuando le ladraban, la más pura de su clase, la más loba entre sus perritas:
El maricón hiper-feminizado (que parece RuPaul de joven, por cierto).
Dicho personaje, se va presentando por lo regular replicando la violencia que ha recibido a lo largo de su vida, estando siempre a la defensiva y responde visceralmente cuando le agreden o intentan hacerle menos. Es interesante cómo lo contrapusieron ante la situación de Simón.

El largometraje prescinde de varias cosas mucho más profundas, puesto que sólo tratan el iceberg de la gravedad de los géneros binarios y las identidades de la humanidad, no obstante, es agradable que retraten el tema ya como si no fuese para tanto.

Yo soy Simón en general es divertida y chistosilla, es recomendable verse con ojo muy crítico para no tragarse toda la jerga etiquetadora y estratificadora que el capitalismo ha traído, como la película de Everything, Everything 2017, donde también es protagonista Nick Robinson, los ambientes tan acogedores, sofisticados y futuristas con musicalidad de resonancia para que los diálogos se absorban con mayor comodidad y mover la frecuencia cerebral.