Dead End Job | Reseña

Ant Workshop Limited son los creadores de este juego que a simple vista podría parecer que está hecho en Flash, pero una vez que nos embarcamos en la aventura de cazar fantasmas, las cosas se ponen mucho, mucho, mucho, muchísimo mejor de lo que cualquiera esperaría.

WHO YOU GONNA CALL?

Dead End Job es un juego con una mecánica muy rara para lo que realmente es: básicamente somos un monstruo que caza fantasmas, mismo que trabaja para una compañía llena de monstruos que se dedican a lo mismo. Lo sumamente agradable y frustrante a la vez es que día con día podremos ir tomando trabajos en las diferentes secciones de la ciudad, pero una vez que se embarquen en la chamba, si mueren en el intento o abandonan, perderán un día laboral así como todas las mejoras a su equipo y ascensos en su trabajo que hayan conseguido, por lo que es imperativo ser cuidadosos a pesar de estar ante un juego que se ve de lo más sencillo.

Los mapas están creados de manera procedural, por lo que obstáculos, puertas, distribución de los cuartos y los fantasmas siempre serán diferentes, incluso si estamos ante el mismo trabajo pero en diferente día, lo que le da un súper empujón para que sea mucho más divertido. Los fantasmas son en realidad fáciles, el problema es cuando más y más van apareciendo en el cuarto dejándonos poco lugar para maniobrar y complicando ya sea la captura de los mismos, o el rescate de los ciudadanos atrapados en una baba tipo ectoplasma. Ayudándonos de manera grandiosa o no tanto, están los objetos que se irán tirando conforme atrapemos enemigos o destruyendo objetos en los cuartos, cosa que les recomiendo mucho pues todo tiene un alto grado de soltar dinero para ir desbloqueando las secciones de la ciudad y tener mayor alcance, así como mejores premios.

Gráficamente el juego sí parece hecho en Flash pero con una resolución deliciosa, con magnífica respuesta y cero caída de los FPS, que aunado a la maravillosa música tipo jazz, tenemos una juego redondo en todos los aspectos, incluyendo los menús y las no tan importantes cinemáticas y conversaciones que bien podemos saltarnos y no pasa absolutamente nada.

Lo más agradable del juego no reside en todo lo que he explicado ya, sino en el sistema de disparos, mismo que utiliza el joystick izquierdo para moverse y el derecho para disparar, como se hiciera en Resogun y en muchos otros para confundirnos los dedos pero facilitar el disparo, no dependiendo de gatillos o botones que podrían cansar o quitarle lo dinámico al juego. Dead End Job consigue fácilmente engancharnos con sus controles y movimientos fluidos así como los “perks” que se van obteniendo mejorando las armas, nuestro desempeño y básicamente poniendo todo un poco más sencillo, dado que la dificultad del enemigo no deja de incrementar, haciendo todo más divertido gracias a que la vitalidad desempeña ese papel muy desgraciado: si perdemos nuestros tres corazones, todo se pierde y empezamos de ceros al día siguiente, por lo que la emoción en verdad se eleva. Lo hemos comprobado varias veces porque somos malísimos.

VEREDICTO

Dead End Job no tiene más opciones que jugarlo y divertirse en serio, nos hemos pasado horas tratando de terminar trabajos día a día y aunque tengamos todas las ayudas y lleguemos al último cuarto con los tres corazones, siempre encontramos la manera de regar el tepache, perder todo y enojarnos, no sin antes decir “otro intento más”. El juego es fácil, es sencillo y no requiere mucha ciencia, pero es esa sencillez lo que nos provoca esa confianza que termina por jugarnos chueco.

Con un tremendo 4.5/5, Dead End Job se lleva las palmas y múltiples porras por parte del equipo, esperando pronto una actualización con más secciones, armas, objetos y por supuesto unos cuantos trofeos más porque queremos ese platino, más los del DLC que seguramente deben estar en camino.