Detective Pikachu | Crítica

Suena curioso pero, de verdad, Detective Pikachu es curiosamente encantadora. Desde su anuncio, miles de cosas estuvieron en contra de esta película, sin embargo, hoy me doy el lujo de decir que es de las mejores adaptaciones live-action de un manga/anime/videojuego.

Siendo sincero, no lo veía venir, en cuanto entramos a la función, iba con cero expectativas pero con el corazón de fanático de la franquicia. Sonaba curioso que Pikachu pudiera hablar, incluso en el videojuego de Detective Pikachu, este tiene diálogos pero con otros pokémons, entonces era extrañamente interesante este concepto.

Entrando en detalles, la representación CGI que utilizaron para Pikachu, creo que esto lo que un fan y un artista/modelador, pudiéramos imaginar que podría ser Pikachu, esta “ternura” visual, combinada con la sarcástica voz de Ryan Reynolds, hace que Detective Pikachu en verdad sea el protagonista de la cinta. Por su parte, Tim Goodman (Justice Smith) hace su papel tan afable que logras conectar con sus sentimientos hacia el mundo pokémon y su historia misma.

Por su parte, Tim es un joven de 21 años que, al igual de muchas personas, no cuenta con un compañero pokémon. Tras estar intentando capturar un Cubone que llora por su madre, Tim recibe una terrible noticia que lo lleva a mudarse a Ryme City, una cosmópolis donde humanos y pokémons viven en armonía, sin batallas, sin capturas, solo amigos pokémon.

Atendiendo a su locación, Tim se encuentra con Pikachu, pero no uno cualquier, uno que puede “hablar” o al menos Tim entiende lo que dice. Juntos descubre un extraño elemento que vuelve a los pokémons a un estado salvaje y descontrolado, por lo que juntos se dan a la tarea de investigar lo que está sucediendo.

Como producto del séptimo arte, Detective Pikachu es un homenaje a todas las películas de detectives, combinando escenarios oscuros con luces neón en los establecimientos, demostrando un interrogatorio tipo “bad cop, good cop”, entre muchos otros elementos de investigación. En un solo término, lo podemos describir como neo-noir.

El concepto de adaptación al mundo pokémon es simplemente mágico, desde el simple hecho de que veamos volar Pidgeys en vez de pájaros, que en el río haya Magikarps, o que un grupo de Aipoms esté colgado de unos andamios, hacen que el “universo” se vea creíble. Esto sumado a una historia creíble y una tropicalización de diálogos excepcional (e.j. en vez de decir “oh por Dios” dicen “Oh por Arceus”), hacen que los espectadores sintamos una empatía con los personajes y la situación.

Mucho se dijo de la apariencia de los pokémons, al ser una cinta live-action, estos tenían que lucir lo más “reales” posible, y en mi humilde opinión en 90% de los pokémon que salen, me parecieron fantásticos, adecuados para lo que el público está acostumbrado en el anime, pero con este toque hiper-realista que buscaba Warner Bros. Eso sí, no todo es flores en el campo, existen momentos en que la exposición de pokémons y humanos en la misma toma está tan saturada, que se puede ver una baja de calidad muy notoria, haciendo que los pokémon se vean sobrepuestos o sin una meta en la escena.

El director Rob Letterman, hace un gran trabajo al tener un buen balance entre un universo ficticio y un acontecimiento que puede suceder en el mundo real. Sin embargo es de mencionarse que la trama no es la más “amigable” con el público infantil, pudiendo llegar a ser un poco confusa o demasiado profunda para los pequeñitos. Y así desde el inicio hasta el final de 1 hora y 42 minutos.

Gracias a Tim, Pikachu, Lucy (Kathryn Newton) y su Psyduck, viviremos la más cercana aventura a lo que el sueño de muchos ha sido… Tener un pokémon y ¡atraparlos a todos!