Mis huellas a casa | Crítica

¿Qué hace que una película de perritos sea buena? ¿Su elenco humano? ¿las razas de mascotas que involucran? ¿la historia? O ¿Qué los perros “hablen”? A mi humilde opinión, debe ser un conjunto y un poco de todas, pero lo que sin duda le da su calificación de 4/5 a Mis Huellas a Casa es la originalidad con la que le dan el “poder del habla” a Bella (voz en inglés – Bryce Dallas Howard), nuestra protagonista.

El director Charles Martin Smith nos presenta la travesía de Bella en un viaje de 400 millas o dos años y media para regresar a los brazos de su amo, “su persona”, Lucas (Jonah Hauer-King), quien la rescató de las calles. Si alguna vez se han puesto a hablar con su mascota, y piensan o incluso hablan interpretando sus gestos o actitudes, Mis Huellas a Casa es una película que definitivamente debes ver. Lo acepto, al asistir a la función iba con las peores expectativas en cuanto a narrativa, ya que, en mi experiencia en películas de animales, prefiero que estos no hablen a que les pongan una voz humana como si fuera el perro quien habla para comunicarse con los humanos o con otros animales. Pero este no es el caso, aquí Bella piensa en interno, y gracias a la voz de Bryce Dallas, es que podemos conocer fácilmente los pensamientos de Bella. Pese a la dulce voz de Bryce, sigo firme en que las películas de animales son mejores si estos no hablan y nos brindan más el factor nobleza y ternura, siendo esta más afectiva. Sin embargo, a falta de la presencia humana durante el viaje de Bella, es si es muchísima ayuda este formato de pensamiento.

Bella es una perrita callejera que fue criada por una gata, Madre Gato, tras haber sido víctima de Control de Animales en la ciudad de Denver. Cerca del vecindario, Lucas y su amiga Olivia (Alexandra Shipp) todos los días iban a dejar alimento en donde se escondían una manada de gatos callejeros y Bella. En la familia también se encuentra la madre de Lucas, Terri (Ashley Judd), una veterana militar. Era hora de llevar alimento a los animales callejeros, cuando Bella toma la valiente decisión de alcanzar a Lucas y convertirse en su mascota. Pero no todo puede ser miel sobre hojuelas, ya que en la ciudad de Denver no se puede domesticar los animales caninos de raza “Pit Bull” por lo que Lucas se ve obligado a llevar a Bella con la familia de Olivia en Nuevo Mexico. Bella en su desesperación por regresar con Lucas, se escapa de su hogar en Nuevo Mexico para emprender su regreso hasta Denver. Su camino se vuelve casi mortal llevándola directo a la muerte, si no fuera por los pocos humanos que generalmente tienen buenas intenciones hacia Bella y hacia una pequeña gran compañera que se topa Bella, “Gran Gatito”, quien por desgracia cobró vida gracias al peor CGI que se puedan imaginar.

Todo parece ir bien, pero esta cinta tiene un trasfondo más profundo. En primer plano, y por palabras del mismo Charles Martin Smith, es sobre la concientización del pueblo de Denver y de todo el mundo sobre el subestimar a los animales domésticos creyendo que, por tener genes de alguna raza en particular, aunque estos sean cruzas. Posteriormente se ven involucrados los fines emocionales donde el amor y lealtad se ven retados y superados por Bella, siempre firme en su convicción de regresar a su hogar.

Dicho esto, Mis Huellas a Casa es una hermosa película bienintencionada para toda la familia. Hablamos de preservación de la naturaleza, tolerancia, perseverancia, amistad y un toque progresivo que los amantes de los animales, en especial perritos, amarán y para quienes no gozan mucho de las mascotas, les hará reflexionar en un par de cosas.